Sobre Crisis, Elecciones Catalanas y El Mundo en GeneralLa RedAndanzas de un soba alemán, o la palabra de Dios no se comeInsomnioTres SombrasViajes con AdrianoMals sense curaEl MétodoCarta desesperada de un logistaJuguemosEsas pequeñas cosas que nos hacen felices...De ahora en adelanteLa espina clavadaNadie dijo que iba a ser fácilHasta pronto...Con sólo una palabra...Ten miedo de mayo porque no puede serDuetosHablemos sobre...Hablemos Sobre... : PANTA REI
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

25 octubre 2012

Sobre Crisis, Elecciones Catalanas y El Mundo en General























Mis amigos no hacen otra cosa que enviar retahílas de mails interminables sobre política, crisis, elecciones autonómicas, corrupción y vuelta a empezar.
Y claro, eso le queda a uno taaaaan lejos de aquí que no puede más que expresar su opinión breve y concisamente. Si no es falta de empatía no, es cansancio. 

Que uno ya es patrón hace algunos años; bueno, se es "o patrão" o el "boss" o "o chefe", pero no por cuestión de relaciones laborales, no, sino por cuestión de color de piel.
Quien quiera insurrección, que le pregunte al Último. El estilismo del video no tiene desperdicio.






leer más...

09 febrero 2012

La Red
















Vivo sin Twitter, sin MySpace y sin Facebook,
y, asombrosamente, parece que aun tengo amigos (creo).
Mi móvil, no es que no sea "smart", no, es que directamente es un idiota integral. Cuando me llegan los mensajes de texto, la hora de envío está dos horas atrasada. El colega vive en otra franja horaria y parece feliz en ella, oye. Además, tengo activado el símbolo de mensaje pendiente de leer (el sobrecito ese arriba a la derecha de la pantalla) desde hace ya casi seis meses. Un día, me llegó la mitad de un mensaje y nunca más llegó el resto. Quiero decir, que además de idiota, mi móvil no sabe dar los recados.
Para rizar el rizo, hace tres meses que acabé de pagar un teléfono mucho más inteligente que este burro. Era español y había estudiado en las mejores universidades, así que prometía. Pasé 18 meses obligado a permanecer en la compañía telefónica antes de poder darme de baja, simplemente porque se me ocurrió usar unos puntos de esos que, en teoría, te has ganado tú gracias a tu consumo desenfrenado durante meses (y aun más si usas el servicio de Roaming).
El teléfono en cuestión lo usé tan sólo durante tres meses, antes de que me lo robaran aquí en Mozambique. Los restantes 15 supongo que se pueden considerar como amortización de la deuda, pues con el móvil se fue el chip y con él todas mis esperanzas depositadas en los 2,15 Euros el minuto en Roaming. Me hubiese salido más barato pedir un crédito a los de Cofidis que usar el programa de puntos de Orange. 
En fin, que con ese panorama la cosa pinta muy fea para poder integrarme en la red. Y para colmo, tras ver la infumable película de la historia de Facebook me cogió una especie de tabardillo y me di de baja de la red (anti)social. Y claro, ahora hay gente que me odia, y con razón, pero curiosamente ya nunca he vuelto a recibir por e-mail aquel alud de invitaciones para unirme a la red de ninguno de mis antiguos contactos. No sé, creo que como en realidad nunca he dejado la red, pues mi perfil nunca ha sido eliminado de la base de datos de Facebook, ya no necesitan persuadirme de que me una a ellos. 
Y eso me da que pensar, pues Facebook distingue bien entre los objetores de conciencia, que como yo tienen (o tuvieron) cuenta pero están conscientemente desconectados, y aquellos que aun nunca abrieron una. Es decir, parece que no les interesa si realmente usas o no tu cuenta, sino si has entrado o no ya en la red, pues cuando se entra ya no se sale.
Echo de menos las cientos de solicitudes diarias en mi bandeja de entrada.
Me han condenado al ostracismo. ¿O me he condenado yo solito?
Aló,
¿Hola? 
¿Hay alguien ahí?
Manifiéstate
leer más...

18 marzo 2009

Andanzas de un soba alemán, o la palabra de Dios no se come

Con la primera visita del Papa Bento XVI (también conocido como Benedicto) a África se ha puesto en movimiento todo el engranaje mediático que una visita de tal calibre merece. Tras su llegada a Camerún ayer, se espera el aterrizaje en Angola para este próximo viernes día 20.

En Camerún ya ha desatado a las masas de fieles que siguen todos sus pasos por la capital, Yaundé. Mientras, Luanda, la ciudad del caos y el desespero limpia su cara para mostrar su lado más humano a su distinguido invitado. La visita del Papa representa, para los angoleños, el reconocimiento de los avances realizados en tan sólo siete años de paz. Buenos augurios para el ego patriótico: lo hemos hecho bien, lo estamos haciendo bien, lo haremos aun mejor y he aquí nuestro regalo. Reconocimiento a los esfuerzos de reconciliación nacional. Y digo yo, qué niño le hace un feo a un caramelo después de portarse bien. Está muy bien venir a “rescatar los anteriores valores cívicos y la moral perdida” (según reza la iglesia angoleña), pero para eso Angola y los angoleños necesitan ser rescatados antes de su propio destino. Seguramente, el policía, aunque más íntegro tras una reflexión sobre su debilidad espiritual, continuará pidiendo gasosa (vamos, un incentivo) cuando le plazca, como hasta ahora. El nuevo angoleño necesita de nuevos valores y de nueva moral, y no precisamente de aquellos antiguos, forjados bajo el dominio del hombre blanco tras siglos de sumisión y explotación. Ya lo dijo el filósofo, que el hombre nuevo necesita de una nueva moral.

Pero lo que se viene celebrando en realidad no es otra cosa que los quinientos años de la llegada del hombre blanco civilizador a Angola. Quinientos años del éxito de la misión evangelizadora llevada a cabo por los primeros colonizadores portugueses. El éxito del proceso de conversión al cristianismo de las salvajes tribus africanas. Conmemoración del medio milenio de la imagen del colono portugués con la palabra de Dios en una mano y el látigo en la otra. Quinientos años conduciendo a los esclavos desde el interior del territorio hasta la costa para ser embarcados en un viaje de no retorno al nuevo mundo. De Angola salió la mayor parte de los esclavos necesarios para cubrir la espectacular demanda de las colonias portuguesas allá en América. Las plantaciones del Brasil devoraban mano de obra a un ritmo vertiginoso. Mientras, el colono blanco (que dormía con su Biblia debajo de la almohada) se adentraba en el interior del país para extraer su mayor riqueza, la mano de obra, al tiempo que iba plantando la semilla del Evangelio. Misiones católicas a cambio de… nada.

A pesar de su mal comienzo, la iglesia jugaría en tiempos posteriores un papel social importante e insustituible. Ya en el siglo pasado, en tiempos de la guerra civil (y una vez que los portugueses hubiesen abandonado ya el país amenazados por el negro revuelto contra su amo), la iglesia se convirtió en uno de los pocos actores que asistieron a una gran parte de la población, salvándola de una muerte segura. Los líderes tradicionales (los llamados Sobas) buscaban todo tipo de asistencia y protección -alimentaria, sanitaria y, por supuesto, espiritual- en las misiones, mientras las distintas facciones arrasaban aldeas y poblados para ganar terreno al enemigo. El papel de los misioneros entonces fue realmente digno de alabanza. La sociedad civil por aquel entonces se reducía a la Iglesia, principalmente católica. Sin embargo, más tarde con la llegada del ejército humanitario, su papel quedó relegado a un segundo plano.

Y eso es lo que se celebra en estos días. La llegada del Soba blanco, al país del Rey Negro. Visita de cortesía a sus fieles. Mientras la minoría adora a otro dios, en tierras del Rey Negro, el Soba blanco busca a sus fieles entre los más pobres. Africa es el continente que registra un mayor crecimiento del catolicismo -con un 17% de sus casi mil millones de habitantes declarándose como tales-.

Tras su parada en Camerún, su próxima escala llega a la capital de Angola, Luanda. Allí ya está todo preparado. Cosa increíble en un país en el que la agenda para cualquier evento está siempre en continua mudanza hasta justo el minuto antes del comienzo del primer acto. Si todo sale bien será, sin ningún lugar a dudas, un milagro. Y este ya quedará registrado en la cuenta del Soba, para cuando quieran beatificarlo algún día.

La palabra del Papa va a misa, como se suele decir. Lástima es que nunca, o casi nunca, éstas sean las adecuadas. Cuánto ayudaría oír salir de su boca ideas y conceptos “comestibles”. Qué bueno oírle gritar a sus fieles la importancia de la lucha por la mejora de la cobertura de sus necesidades básicas, como agua y saneamiento, en los barrios urbanos y peri-urbanos más pobres, sus barrios. Qué alegría si recordara a todos los presentes la importancia de los derechos de tenencia sobre la tierra de las comunidades rurales para poder garantizar la seguridad alimentaria de miles de campesinos. Cuánto ayudaría oírle hablar a toda la plana mayor del gobierno sobre la necesidad de continuar con la lucha contra el VIH-SIDA, así como de la planificación familiar. Cuán fantástico sería oírle hablar sobre la importancia que tiene el acceso a la educación para el desarrollo del país. Cuánto se avanzaría en la lucha contra la pobreza mejorando los servicios sanitarios y el acceso a los medicamentos y vacunas.

Pero no, eso no va a suceder. Ya antes de llegar a Angola su palabra destructora le precede. Todo el trabajo que cientos de organizaciones llevan realizando desde hace unos cuantos años puede irse al garete por culpa del integrismo ideológico del Soba blanco. Bien saben los misioneros que trabajan en el país que esta realidad no es la misma que la de allá en Roma. Quizás se pueda gritar en la plaza del Vaticano que los preservativos no son la solución para acabar con el sida. Allí el fiel siempre puede acudir -después de que acabe la misa- al hospital de su barrio y hacerse unos análisis a él y a su pareja, tras lo cual concertar una cita con la consejera sobre planificación familiar. Pero oír ese tipo de argumentos en el África de hoy, donde el sida es una arma de destrucción masiva, eso, eso es terrorismo divino. Mesianismo de destrucción masiva.

Desgraciadamente, la palabra de Dios no se come y tampoco sirve para evitar coger una sífilis, una gonorrea o el Sida. Lo que es verdad es que las calles de Luanda no están tan limpias como va a estar la moqueta roja sobre la que va a pisar su Santidad el Soba alemán. Otro milagro a contabilizar será si, tras besar el suelo angoleño el pobre hombre no coge una infección de caballo. Esperemos que no tenga el mismo vicio que su antecesor. Quizás el agua y el saneamiento hayan llegado hasta esa pista del aeropuerto, e incluso seguramente hasta las calles principales por donde pasará la comitiva con su papa-móvil. Unas calles despejadas de los eternos "engarrafamentos" que bloquean día y noche la ciudad, convirtiéndola en una pesadilla. Pero detrás del muro de adobe, allí, sólo la palabra de Dios habrá llegado, por el momento. Esperemos que en breve lleguen el resto de plegarias en forma de servicios básicos y de desarrollo socioeconómico. Nadie dijo que no haya que alimentar al espíritu, lo que se expone aquí es que también hay que dar de comer a la numerosa y extendida familia.

Así es que, por favor, cierre la puerta después de salir, no vaya a ser que entren los mosquitos malariosos de la letrina del vecino.


leer más...

30 julio 2008

Insomnio


Qué es el insomnio sino la obstinación maníaca de nuestra inteligencia en fabricar pensamientos, razonamientos, silogismos y definiciones que le pertenezcan, qué es sino su negativa de abdicar en favor de la divina estupidez de los ojos cerrados o de la sabia locura de los ensueños?


(...) las almohadas revueltas, las mantas en desorden, evidencias casi obscenas de nuestros encuentros con la nada, pruebas de que cada noche dejamos de ser.


Memorias de Adriano
leer más...

13 mayo 2008

Tres Sombras

Me sabía perseguido. Acelerando el paso intentaba despistar a ese aliento que ya sentía en mi pescuezo. Cuando decidí girarme, decidido a enfrentarlas y arriesgándome con ello a sufrir una de aquellas casualidades en la vida que cambian tu destino para siempre.

Allí estaban las tres. Sibilinas. Erguidas. Mirándome con sus rostros difuminados. Enhiestas ante mí, orgullosas de su sigilo y destreza.

Las tres sombras me penetraban, sus miradas escrutadoras intentaban averiguar algo de mí. Amenazantes. Se podría decir que su ambición no era para nada despreciable.

La noche era cerrada en Huambo. El silencio y unas pequeñas farolas en la calle llena de agujeros me habían desviado de mi camino, abocándome a un remolino de pensamientos. De esos que sólo se muestran cuando bien entrada la noche.

Pues cavilando iba acordándome yo de las cloacas de Barcelona. Aquel laberinto de galerías hedientas a las que bajabas de pequeño con alguna de aquellas excursiones del colegio, la utilidad de las cuales, por entonces, no alcanzabas a comprender.

Esas tumbas de excrementos, de ratas, de cadáveres en descomposición de gatos y perros, de todos aquellos desperdicios que la vecina del quinto –la del club de golf- hace desaparecer mágicamente por el retrete. ¡Zas! Magia postmoderna. Frías y húmedas. Mohosas y resbaladizas. Qué poco acogedoras son. Iba pensando yo.

Mientras sorteaba los agujeros sembrados en aquel suelo me invadía una especie de calor. Un cálido bienestar que olía a guayaba me envolvía. Caí entonces en la cuenta de que ese candor nacía bajo mis pies. Intenté imaginar el subsuelo que allí mismo yacía. Ahora comprendía. Ahí estaba la gran diferencia. En aquel subsuelo no existían aquellas cloacas que se habían grabado de pequeño en mi memoria. Era una superficie compacta pero blanda. Era roja y anegrada a la vez. Exigente. Sin embargo, te invitaba amablemente a acurrucarte en ella. A quedarte. Instalarte. Aquella tierra no aceptaba que la violaran con perforadoras grandes como camiones. Defendía su integridad a capa y espada. Gustaba de la sinceridad de las personas a las que sustentaba. Todos sus desperdicios corrían libres. Sin tapujos nombraban a sus creadores. Señalaban con el dedo a los culpables. Aquella madre no aceptaba la mentira.

De aquella contradicción geológica brotó en mí un sentimiento de grandísima estupidez. Me sentía ridículo, y sentía el ridículo de todos aquellos que como yo se deslizan sobre una tierra metálica. De aquellos que blindan con rejas unas líneas imaginarias convertidas en estandartes del bienestar de unos pocos, y que aspira a ser universal. Con una patada en el culo creen estar echando de sus dominios a unos ignorantes oportunistas y rapiñas. ¿Pero de verdad piensan que alguien quiere de verdad abandonar una tierra generosa y acogedora, maternal pero autoritaria, por otra fría y calculadora, profética pero aniquiladora?

Esa que abre sus puertas al reptil de más arriba, esa que le ofrece todo lo que tiene al recién llegado sin pedirle nada a cambio es maltratada y humillada. Cuándo abriremos los ojos. Cuándo estaremos preparados para ser sinceros y aceptar la dura realidad de que el ciclo natural se repite, pero ahora con los papeles cambiados. Esas líneas que una vez se marcaron son tan imaginarias como las tres sombras, que se desvanecieron tan pronto como emboqué la oscura calle que muere en casa.
leer más...

30 enero 2008

Viajes con Adriano

M. Yourcenar escribe:
Una de las mejores formas de recrear el pensamiento de un hombre: reconstruir su biblioteca.

El gran periodista R. Kapuscinski solía viajar con su ejemplar de la Historia de Heródoto, el primer gran historiador clásico -por supuesto, griego- debajo del brazo.

Yo por mi parte, presa de la admiración por este gran personaje, empecé uno de mis viajes al África con mi ejemplar de Viajes con Heródoto en mi maleta, la última obra publicada del propio Kapuscinski antes de morir.

Me gustaba la idea que nos proponía K. de poder transportarse a la antigua Grecia en medio del estallido de la guerra de independencia en Kenia. Me atraía la posibilidad de poder formar parte de la avanzadilla griega enviada a la conquista de los territorios persas mientras se producía la revolución iraní de Jomeini tras la caída del Sha, dos milenios y medio después. Me fascinaba la predisposición de K. para partir en cualquier momento hacia un viaje de dos mil quinientos años de la mano de Heródoto. Quedaba perplejo ante la facilidad de abstraerse de un entorno amenazante y asfixiante en plena Somalia para asistir a la batalla de las Termópilas, o a la toma de Atenas por el ejército de Jerjes.

Con Viajes con Heródoto K. superponía realidades y tiempos no tan diferentes entre sí, ni tan alejados.

Ambos son verdaderos libros de viajes, con personajes y viajeros de verdad. Porque viajar no sólo significa ir de un sitio al otro. Viajar se trata de investigar, de intentar aprehender la cultura, vivirla, de frustrase por la imposibilidad de saltar el muro de la incomprensión y de la incomunicación, darse de cabeza contra él hasta resquebrajarlo, desesperarse al darse cuenta de que uno sólo habla con sombras, de que la realidad aun queda muy lejos de donde nos encontramos –justo a nuestra espalda-, de que se necesita toda una vida para poder comprender al otro. Viajar se trata de ser consciente de nuestras limitaciones a la vez que de nuestras semejanzas con el otro.

Porque los libros de viajes no son esa mierda de despojos de 400 páginas paridos como churros a lo Javier Reverte y sus sueños de África. Viajeros y libros de viajes hay de muchos tipos, pero Heródoto y Kapuscinski eran tan parecidos como auténticos.

Sin ser consciente de ello, yo tuve mi propio Heródoto desde hace once años. Ahora que me paro a pensarlo con detenimiento me doy cuenta de que esa inquietud por lo desconocido que dormitaba en mí nació por aquel entonces y sobrevivió enterrada durante diez años. Iba yo a segundo de bachillerato cuando en la clase de filosofía Juanjo nos obligaba a pasear durante una hora a la semana por las salas del palacio imperial en Roma; nos invitaba a conocer la Alejandría egipcia, a unirnos a las largas y duras campañas militares contra los bárbaros allá en las provincias limítrofes del imperio; nos empujaba a dialogar con los tribunos, a asistir a las interminables sesiones del Senado y a enviar órdenes de suicidio a senadores sediciosos.

Memorias de Adriano de M. Yourcenar es el resumen de la vida de un gran hombre que antes que nada tuvo que convertirse en viajero para poder legar un imperio tal y como lo había concebido durante sus largas noches consagradas al insomnio. Como Adriano le escribía a su futuro sucesor Marco Aurelio “a lo largo de veinte años de poder, pasé doce sin domicilio fijo”. A través de Adriano, y tras tres intensas lecturas en estos últimos diez años –además de aquella primera que se alargó durante todo un curso escolar- he podido construir una imagen del viajero que querría ser, pero al que por desgracia intuyo nunca lograré parecerme. Tal y como Adriano le explicaba a Marco:

Pocos hombres aman durante mucho tiempo los viajes, esa ruptura perpetua de los hábitos, esa continua conmoción de todos los prejuicios. Pero yo tendía a no tener ningún prejuicio y el mínimo de hábitos.

Y es que es muy duro vivir sin las largas sesiones de Play Station purgantes para el alma, o sin la última copa en el Kentucky, incluso sin el insuflo de amistad de una noche de jueves en la Bauma, y no digamos ya sin los paseos en bicicleta de madrugada, volviendo a casa por la Gran Vía con el aire fresquito acariciando mi rostro algo castigado por unas copas de más. Qué decir de esos paseos dominicales en bicicleta con mi roomie hasta casi Mataró, dibujando el perfil del antiguo camino de ronda romano; o la clara y las olivitas antes de la comida del sábado; unos boquerones en vinagre; un solomillo de pato con medallones de foie...

Que nadie se engañe, que el emperador dormía entre sábanas de seda y su amado Antínoo le preparaba un baño de agua caliente cada noche aun estando en plena campaña militar en Palestina. Y es que precisamente por eso el gran Adriano es mi Heródoto. Los estados del alma hay que inducirlos a cada momento y en ello nuestros héroes juegan un papel crucial. Yo ya elegí al mío: tan equilibrado y coherente como desequilibrado y contradictorio pueda ser yo.

Aquel vetusto y desgajado ejemplar traducido por Julio Cortázar que había sido leído ya cuatro años antes por mi hermana mayor y que luego heredé yo por aquello de economizar, se coló en mi maleta para acabar ganándose el derecho inalienable y perpetuo a seguirme por dondequiera que vaya, si es que finalmente acabo yendo a algún sitio.
leer más...

24 enero 2008

Mals sense cura



Insonmi, diarrea.

El vent que m’arrenca les pintures,
la calor
i les hores d’avorriment mortal.

I de sobte,

com un llamp,

una imatge,

una olor,

un no res recorre el meu cos,

procurant-me una felicitat absoluta mai coneguda,

durant un instant.


És el mal d’Africa


Miquel Barceló
Segu, Mali
6.XI.94

leer más...

18 diciembre 2007

El Método


Cinco meses, ahora sí, ya preparado para entender una de cada diez cosas de este país, uno de cada mil pensamientos de esta gente, uno de cada diez mil “éeeeeee assssssim meeeeeeeeeeesmo, sobrinho”, uno de cada cien mil “infelizmente, parece mentira mais é verdade”.

Hablemos de Angola, hablemos de afrocomunismo, de diamantes y de petróleo, de chacales despedazando a la presa, de ladrones de guante negro y de invasores de guante blanco, tan blanco como el fungi que alimenta a sus gentes; bailemos al son de la kizomba, la semba, la tarrazinha y el kuduro; hablemos de traición, infidelidades y poligamia; hablemos de los hijos bastardos; salgamos a curtir esta noche y aprendamos algo de gíria; fumemos liamba bebiendo unas vitolas y dejémonos deleitar por esa menina gostosa; admiremos los robustos embondeiros mientras bajamos Sierra de Leva hasta Praia Lucira; bañémonos en las aguas calientes de la mutipa y regresemos a casa para jantar y meternos en la cama antes de que desconecten el generador, contentos, pero aun desconcertados por lo mucho que nos falta por perceber.

Las arrugas de un rostro curtido explican más que cien libros de historia. La mirada clavada en tu cara de pula te desnuda en el acto. Pregunta, escucha, intenta entender y, sobre todo, sonríe, ríe, explota en carcajada tan pronto como vislumbres un indicio de incomprensión en su rostro. Ese es el mejor final para toda conversa.

– Tudo bem tio Jamba?.
– Obrigado. Tudo Bem. E o chefe Ruben?
– Tudo bem. Obrigado. Booo, então, bom trabalho. Até mais logo.

Portuñol del malo a cambio de clases de Umbundu para iniciados. Intercambio diario al calor de los fogones. Escucha y aprende, no en vano 63 años, doce hijos, a saber cuántos nietos, 40 años cocinando, primero para los “amos” portugueses: plas! ostión al canto, así aprenderás a hacer la sopa como me gusta, pero qué mal está el servicio, a dónde vamos a ir a parar oye; después doce más para los cruzados humanitarios, cuidando a unos debiluchos de las diarreas y la malaria, buena dieta contra las hordas de bacterias. Resultado: tortilla de patata, pasta al dente, canelones de la abuela y pollo al curry. Sólo la paella falta, pero tiempo al tiempo, que aquí no hay jubilación, ni viajes del INSERSO a Benidorm en febrero, ni fondos de pensión que cotizan en Yenes. Eso sí, quizás esta noche, o mañana, intente aumentar la familia. A falta de televisión... buenas son las familias numerosas.

Escucha, aprende, intenta entender.
Sonríe, ríe, explota en carcajada si hace falta,
pero vuelve a la carga más tarde.

No hay otro método.
leer más...

06 diciembre 2007

Carta desesperada de un logista


Lubango, 3 de diciembre de 2007


Queridos Vicente, Gabriel y Nadia,

Desde tierras lubanguesas os transmito una breve pero importante información que espero toméis en consideración, si más no, en nombre de los valores humanitarios que mueven vuestra acción… y más que nada para no tener que recordaros el código ético que firmasteis en su día.

Sólo quiero que sepáis que durante vuestro periplo alrededor de Huíla, y ahora en dirección a Chipindo, os acompaña alguien muy especial para mí. Nada tendría de especial si no fuera por el estado de desolación y soledad en el que ha quedado sumida mi vida tras su marcha, una marcha, por otro lado, muy meditada a la luz de la luna durante inolvidables noches de conversa y conocimiento mutuo.

Sólo os pediría un favor que no dudo me concederéis. De entrada, quiero que no la juzguéis por su aspecto. Sé de buen grado la apariencia de dejadez, suciedad y maltrato que a simple vista se le puede detectar. No obstante -y eso no se lo expliquéis a ella, por favor os lo pido-, quiero que sepáis que ha tenido una vida muy dura y para nada fácil, una vida que otras muchas como ella no habrían soportado ni siquiera una milésima parte. Ella supo sobrevivir y reponerse a los golpes que la vida te suele dar en estas latitudes.

La vida en Angola no es fácil, como ya sabéis, y menos en el mato. Lo último que querría es que la hicierais sentir culpable por haber yacido en tantos lechos, por haber pasado por tantas manos, por haber colmado los deseos más oscuros de tantos y tantos desconocidos. Ni de lejos fue culpa suya sino del simple y trivial hecho que cada uno de nosotros estamos condicionados por nuestra procedencia social, si bien no determinados. Ella nació en el seno de una familia muy dada a la criminal e inhumana tradición de vender a sus hijas al mejor postor. Cuando su dueño moría o simplemente se iba con otra más joven y más moderna, su familia la vendía a otro nuevo maltratador. Esa ha sido su historia y seguirá siendo su sino.

Sólo os digo que su marcha no fue fácil para ninguno de los dos; para a ella por tener que abandonar la seguridad que habíamos conseguido construir entre los dos en tan poco tiempo; para mí porque es la niña de mis ojos, la pequeña que he estado mimando y cuidando y de la que he estado reparando su maltrecho corazón con todo mi ahínco -poniendo todo el amor que aun me quedaba en la recámara, para restaurar su virginidad y hacer relucir de nuevo sus ojitos negros- cual Gepetto con su Pinocho de plástico, que no de madera.

Para acabar, recalcar sus dotes y cualidades inigualables que, una vez más os recuerdo, no se corresponden ni de lejos con el deplorable aspecto que presenta. Por todo ello, espero que cuidéis de mi pequeña computadora IBM modelo Think Pad –ahora del proyecto PEARSA Chipindo-, de mi “Negrita”, como la solía llamar yo en la intimidad, tal y como ella se merece. Sólo tenéis que pedirle con educación y paciencia todo lo que queráis y ella os dará todo lo mejor de sí. Os lo prometo.

Recibid un cálido abrazo desde Lubango,

Firmado: el Gepetto de Lubango
leer más...

04 octubre 2007

Juguemos


Juguemos a imaginar.

Imaginemos que jugamos a ser algo que en realidad no somos.

Imaginemos un país desangrado por treinta años de guerra.

Imaginemos a los niños jugando a imaginar que son soldados, de bandos opuestos, con AK-46 de madera, granadas de granito y minas antitanque de hojalata.

Ahora imaginemos que jugamos a ser cooperantes en la tierra prometida. Imaginemos al rey negro gobernando con el cetro de diamantes, a golpe de expolio, sentado en su trono de oro negro, tan negro como él.

Juguemos a espiar al bufón de la corte. Imaginémoslo ejecutando un número de malabares de máxima dificultad que él mismo ha bautizado con el nombre de “el expatriadito”. En una mano una bola en la que se puede leer escrito a lápiz “Ayuda Oficial al Desarrollo”, en la otra mil quinientos beneficiarios apretujados en un puño. La dificultad aumenta cuando al pasarse una pelota de una mano a la otra lanza al aire una tercera, una de oro negro y macizo.

Imaginemos que el malabar es hábil, que el movimiento de manos es rápido y limpio, coordinado y acompasado. Entonces, el número luce, embelesa al gentío, adormece conciencias. Sin embargo, y a pesar de su destreza, la magia dura poco, la bola de oro pesa demasiado, desequilibra la mano izquierda del bufón y se van al traste beneficiarios, AOD y bufón incluido.

Por último, imaginemos a una corte que rodeando al bufón lo mira absorta. Allí se puede distinguir entre la multitud agolpada a los voluntarios, a los religiosos, a los iluminados, a los profesionales, a los perdidos, a los mercenarios, a los temporales, a los indefinidos, a los recién llegados, a los más experimentados, a los que resisten, a los que desisten, a los mejor equipados, a los desamparados, a los Boy Scout, pero de entre todos ellos –y uno no ha de esforzarse mucho para verlos- destacan los más peligrosos, los que más chillan, los que más ruido hacen, los que más alborotan, aquellos que sólo aplauden para que los demás vean que están allí, los que buscan la palmadita en la espalda, los que buscan entrar en el santoral, los se creen más fuertes y más nobles que los demás: son los que juegan a ser cooperantes disfrazados de aventureros. Esos son los más peligrosos, son los ratones que se comen el queso cuando la luz de la nevera se apaga y la puerta se cierra. Los roedores que salen de su madriguera con nocturnidad y se creen muy valientes, pero que gozan de lo robado ya de vuelta, ya en la seguridad de su agujero, ya sanos y salvos.

El juego de la espiritualidad, ese, se juega con otro tablero y otras fichas, sin bufón, sin rey negro y sin público. En ese juego el roedor puede que gane alguna de las partidas, pero en éste, al que aquí y ahora jugamos, el ratón es simplemente eso, un mal jugador disfrazado de aventurero.
leer más...

06 septiembre 2007

Esas pequeñas cosas que nos hacen felices...


Y siguiendo con mi acceso de pragmatismo, un rayo de misticismo puro, casi ascético.

Esas pequeñas cosas que nos hacen felices...

Así son ellas, tan imperceptibles, tan modestas, tan triviales, que a menudo pasan de puntillas ante nosotros sin hacer ruido, casi sin levantar polvo. Pero yo, hoy, en la lucidez de una mañana de viernes, he conseguido percibir una, aprehenderla, atraparla en mi reflexión, envolverla en un manto de agradecimiento para que sepa que ésta es su casa, que puede volver cuando quiera, que la esperaré con los brazos abiertos, ansioso de verla aparecer por la puerta.

Pues bien, esa cosita en cuestión, Ella, tan blanca e inmaculada ella, tan relucientes sus destellos que sientan como una buena sopa caliente en pleno mes de enero... pero ya está bien de echarle piropos, que de la modestia a la soberbia sólo hay un paso. Vayamos al momento justo en que apareció en mi vida. Fue justo dos días atrás, había cenado yo la noche anterior un buen plato de choricitos angoleños que Tío Jamba preparó con todo su ahínco. Para acompañar una ensalada y papas fritas, como siempre. La cuestión es que a la mañana siguiente, desayuno compuesto de tostaditas con mermelada y unas dos buenas tazas de café, tras lo cual una buena jornada de trabajo por delante.

Fue a eso de las diez de la mañana cuando el cielo –bueno, y algo más también- se abrió ante mí. Tuve que abrir la puerta a trompicones, se mascaba la tragedia y se adivinaba la debacle cuando, de pronto, un salvavidas lanzado desde un departamento de logística inmejorablemente coordinado, una bocanada de aire fresco para alguien que vuelve del presidio, como era mi caso... sólo bajar la tapa, ladear ligeramente la cabeza y levantar la mirada hacia el alto techo –o quizás hacia las más altas esferas, no estoy seguro- y zas. El nirvana. El Sweet Lullaby de Deep Forest susurrado al oído. Tan sólo calma.

Sabiéndome arropado por Ella, sintiéndome seguro de su virginidad y castidad, nada importaban los salpicones húmedos que sentía saltaban hacia mis posaderas, intentando alcanzarme justo en la entrada de mi túnel mejor defendido por mi bien hallado Bosque Encantado. El éxtasis estaba tan cerca -por fin, después de mucho tiempo, podía disponer en mi lugar de trabajo de un lugar íntimo y personal de reflexión - que casi tuve que ahogar un gemido que jugueteaba en mi garganta, ajeno al peligro al que me hubiera expuesto de haber asomado su cabeza. Hacía dos años que mi nuevo trabajo me había privado de tal derecho. Mi productividad se había visto resentida al verme abocado yo a vagar por la oficina, restaurantes y bares adyacentes en busca de un retiro a la altura de mis necesidades espirituales. Viéndome privado de un espacio en el que poder dar rienda suelta a mi tan desarrollado sentido de crítica social me había ido reconcomiendo poco a poco, y sin que yo me hubiese dado cuenta, la más insulsa pero peligrosa epidemia del aburguesamiento acrítico y acomodaticio. Mi sociopatía había disminuido proporcionalmente al aumento de mi aletargamiento. Las cosas no podían seguir así. Algo tenía que cambiar.

Desde las máximas de los filósofos presocráticos hasta el funcionalismo social weberiano, pasando por el estoicismo romano de Séneca y sus coetáneos, fui desgranando el verdadero sentido de la vida. El parapeto levantado por el ruido del generador funcionando a todo gas daba cobertura a mi Luftwaffe, que bombardeaba sin descanso las posiciones enemigas, alcanzando una y otra vez la línea de flotación de sus destructores en retaguardia. Mis efluvios eran disipados por el hedor a gasoil inyectado por la batería defensiva tierra-aire del generador enemigo, ignorante éste de que lejos de alcanzar su objetivo de atontarme utilizábalo yo como cortina de humo para lanzar mis emboscadas más salvajes contra sus hordas asesinas de bacterias y parásitos. Era feliz en el campo de batalla. Estaba ganando la guerra y cada vez era más consciente de ello, lo que aumentaba aun más el efecto placentero del sufrimiento ajeno y permitía darme el lujo de mirar con aires de superioridad a una cucaracha que trepaba por la pared, huyendo de la destrucción imperante en toda la zona. Me habían servido la victoria en bandeja de plata y no estaba dispuesto a dejar de degustar ni por un segundo su dulce sabor. Las bajas enemigas se contaban por miles, caían por doquier, no había escapatoria para ellas, tampoco derecho a rendición. Entonces di la orden cual César a sus legiones: no habrá prisioneros, no habrá armisticio, victoria o muerte.

Finalmente, tras agotar toda mi munición levantéme y dispúseme a salir victorioso hacia mi despacho, seguro de que el enemigo no podría seguirme el rastro, simplemente, porque la sección de zapadores había minado los puentes y carreteras de retaguardia. Ya nadie podría encontrar ninguna prueba inculpadora, nadie podía acusarme de crímenes de lesa humanidad. Salía impune de diez minutos de guerra, pero también de un periplo introspectivo sin precedentes, seguramente, en el seno de esta organización humanitaria. Salía mejor persona y más consciente de la realidad que me rodea de lo que en dos años había podido ser, simplemente porque la alienación del sistema capitalista es capaz de llegar hasta tamaño salvajismo, hasta tan extrema crueldad, que puede darse el lujo de podernos negar a cada uno de nosotros tan sólo dos metros cuadrados al día para el recogimiento y descubrimiento personales. Es que acaso es mucho pedir dos metros cuadrados y diez minutos para uno en una jornada de ocho horas? Es que acaso hemos perdido la poca humanidad que nos quedaba? Hacia dónde diablos vamos? Qué queda de ese humanitarismo tan aclamado por los medios de incomunicación de masas? Mucho nos queda aun por aprender en el Norte de otras sociedades –erróneamente denominadas- subdesarrolladas, como Angola. Este país tiene un futuro esperanzador, y hace dos días tuve la suerte de ser testigo directo de ello.

Quizás algunos puedan pensar que esta reflexión realizada en horas de trabajo sea una pérdida de tiempo, pero a todos esos yo les digo: cuando vayáis de puntitas al lavabo sólo cuando creáis que nadie os mira, cuando os tiemblen las piernas por no poder sentaros en la taza, cuando tengáis que apoyaros en la pared para ladear vuestras posaderas y evitar salpicaduras incómodas, cuando tengáis que apretar las nalgas para luchar contra los gritos del silencio, cuando estéis sufriendo por el ruido que hace el ambientador de spray –totalmente inútil, por otro lado-, cuando estéis temerosos de que alguien haya podido veros al entrar y sea consciente de vuestra salida cinco minutos después; cuando os ocurra todo eso, pensad en mi rostro de Mariscal victorioso, pensad en la suerte que tengo por poder trabajar en el sector humanitario, pensad entonces, y sólo entonces, en lo desgraciados que podéis llegar a ser si no valoráis esas pequeñas cosas que diariamente nos hacen tan felices. Ella fue, esa pequeña cosa.
leer más...

01 agosto 2007

De ahora en adelante

Porque este blog nació en su día a causa de un chispazo que se produjo una noche de concierto, porque tenía que haber una forma de no perder los recuerdos, más allá del papel, de luchar contra el olvido. Si en ocasiones he usado esta ventana virtual para asomarme a parajes a los que no pude llegar de otra forma, y decir cosas que no dije cara a cara; si ha sido así, de ahora en adelante ya no volverá a ser. El papel vuelve a ocupar el lugar de antaño, a mi vera. La mano desentrenada vuelve a coger carrerilla.

Una vez escuché decir a alguien que los blogs son un maquillaje para las ansias de reconocimiento. En parte puede ser así, pero si acaso un reconocimiento por parte de la gente a la que se quiere, de quienes les damos la llave de nuestra ventana -o de quienes alguna vez se la dimos pero dijeron haberla tirado al mar-, de todos los demás, aquellos que navegan a la deriva por la blogosfera, quienes ni nos van ni nos vienen, para aquellos no escribimos ni de ellos nada esperamos.

Así es que de ahora en adelante si os asomáis a la ventana estaréis un poco más cerca de África, de sus colores, de su aroma, de su gente, pero prometo intentar acercarme a vosotros, uno a uno, por otras vías. El camino se bifurca aquí, si hemos escogido el bueno o el malo, eso, el tiempo lo dirá.


leer más...

03 julio 2007

La espina clavada

Aun tengo una espina clavada que duele y hace daño. El tiempo la expulsará o cerrará la herida con ella dentro.

(5-07-07) A pesar de ello, el alcohol del sinsentido ha desinfectado la herida para siempre. Aunque ahora escuece, creo que ya no dolerá más. Esta es la última referencia a una espina que pinchó, pero que ella misma se expulsó.

Adiós.
leer más...

20 junio 2007

Nadie dijo que iba a ser fácil

Llevo ya algún tiempo decidiendo qué hacer con mi vida. Ahora que ya parece que las cosas van tomando forma, me doy cuenta de que esta canción de Sopa de Cabra, titulada Camins, ha dado respuesta a muchos de mis interrogantes. La he escuchado una y otra vez a lo largo de estos dos últimos meses. Sentado en la terraza de mi casa sumida en el silencio de la noche, sonaba una vez tras otra esta letra, a la vez que se iba ordenando la marabunta de pensamientos en mi cabeza. Con el perfil de Barcelona de fondo, el mensaje enviado desde mi cerebro se hacía cada vez más claro: nadie dijo que iba a ser fácil encontrar el camino, lo único cierto es que al final habrás de tomar la dirección que marque tu corazón, pese a quien pese.

Quién sabe, quizás también os sirva a alguno para orientaros en vuestra encrucijada.

Simplemente, escuchadla...

Camins, que ara s'esvaeixen
Camins que hem de fer sols
Camins vora les estrelles
Camins que ara no hi son

Van deixar-ho tot el cor encès pel món
Per les parets de la mort sobre la pell
Eren 2 ocells de foc sembrant tempestes
Ara som 2 fills del Sol en aquest desert
Mai no es massa tard per tornar a començar,
per sortir a buscar el teu tresor

Camins, somnis i promeses
Camins que ja son nous
No es senzill saber cap on has de marxar,
pren la direccio del teu cor
Mai no es massa tard per tornar a començar,
per sortir a buscar el teu tresor

Camins que ara s'esvaeixen
Camins que has de fer sol
Camins vora les estrelles
Camins que ja son nous
leer más...

17 junio 2007

Hasta pronto...

Ya se alejan en medio del polvo, en la soledad mineral, en aquella desolada región planetaria. Y pronto no se distinguirán, polvo entre el polvo. Ya nada queda en la quebrada de aquella Legión, de aquellos míseros restos de la Legión: el eco de sus caballadas se ha apagado; la tierra que desprendieron en su furioso galope ha vuelto a su seno, lenta pero inexorablemente; la carne de Lavalle ha sido arrastrada hacia el sur por las aguas de un río (¿para convertirse en árbol, en planta, en perfume?). Sólo permanecerá el recuerdo brumoso y cada día más impreciso de aquella Legión fantasma. "En las noches de luna --cuenta un viejo indio-- yo también los he visto. Se oyen primero las nazarenas y el relincho de un caballo. Luego aparece, es un caballo muy brioso y lo monta el general, un blanco como la nieve (así ve el indio al caballo del general). Él lleva un gran sable de caballería y un morrión alto, de granadero." (¡Pobre indio, si el general era un rotoso paisano, con un chambergo de paja sucia y un poncho que ya había olvidado el color simbólico! ¡Si aquel desdichado no tenía ni uniforme de granadero ni morrión, ni nada! ¡Si era un miserable entre miserables!) Pero es como un sueño: un momento más y en seguida desaparece en la sombra de la noche, cruzando el río hacia los cerros del poniente.

Ernesto Sábato, Sobre Héroes y Tumbas



Se acaba un ciclo, solamente para dejar paso a otro. Como a Lavalle, sólo se nos recordará por lo que cuenten de nosotros, más que por lo que en realidad seamos. Eso, es cosa nuestra. La vida sigue y pronto el polvo que levantamos en nuestra huida y que tejió una cortina que difuminó nuestra silueta, volverá a la tierra de donde despegó. Dejaremos de estar, para pasar a ser. El recuerdo marcará nuestro futuro allá por donde hayamos pasado.

La letanía de nuestro galope debiera certificar ante los incrédulos que seguimos buscando nuestros sueños, que seguimos persiguiendo nuestros ideales por mucho que estos siempre corran más veloces que nuestro caballo. Lo importante no es llegar sino el camino, dicen. El juego de la zanahoria y el palo es el preferido de Utopía. Lugares comunes que hacen referencia a la necesidad de avanzar, de fluir, de cambiar. Y es que, nuestra existencia es mucho anterior a nuestra esencia, la precede, por lo que no caben excusas. Existir es cambiar y arriesgar. En palabras de Sartre, “el ser humano está condenado a ser libre, es decir, arrojado a la acción –y responsable plenamente de la misma, y sin excusas-“.

Asumiendo que nuestra partida pueda convertirnos en fantasmas para los que se quedan, ya tenemos hecho la mitad del trabajo. Asumido esto, cargadas las alforjas y avituallados con recuerdos e ilusiones ya podemos emprender la marcha. En mi zurrón, la sonrisa de cada uno de vosotros, vuestros consejos y lo mejor que me habéis podido dar: vuestra amistad. Pondré el zurrón a buen recaudo para abrirlo sólo cuando necesite volver a sentir que no hace mucho que estuve, pero que pasé a ser recuerdo. Como a la Legión fantasma de Lavalle, recordadme con mi uniforme y con mi sable de caballería, erguido sobre mi caballo blanco. Sólo yo sé que mi cotona raída es la única prenda que cubre mi cuerpo maltrecho, aun tembloroso ante lo desconocido de mi andanza. Que seáis mi viejo indio, que yo os prometo regresar, para volver a estar…y dejar de ser recuerdo.

Hasta siempre.
leer más...

14 junio 2007

Con sólo una palabra...

Paz y serenidad al atardecer, en tu regazo... ¿Hay acaso algo mejor que eso? ¿Existe algún otro momento que pueda saciar tanto el espíritu a cambio de tan poco? Cientos de pensamientos aprovechan entonces para arremolinarse en mi cabeza. Y entonces tú preguntas: -qué; y yo respondo con un: -nada; ese nada que, en realidad, intenta abarcar todo lo que quisiera decirte pero no puedo, simplemente porque no sé por dónde empezar.

Y mientras Bruno aspiraba la brisa que pesadamente llegaba del río, Martín recordaba momentos parecidos en aquel mismo parapeto con Alejandra. Acostado sobre el murallón, con la cabeza sobre su regazo, era (había sido) verdaderamente feliz. En el silencio de aquel atardecer oía el tranquilo murmullo del río abajo mientras contemplaba la incesante transformación de las nubes: cabezas de profetas, caravanas en un desierto de nieve, veleros, bahías nevadas. Todo era (había sido) paz y serenidad en aquel momento. Y con tranquila voluptuosidad, como en los somnolientos e indecisos instantes que siguen al despertar, reacomodaba su cabeza sobre el regazo de Alejandra, mientras pensaba qué tierno, qué dulce era sentir su carne debajo de su nuca; esa carne que en opinión de Bruno era algo más que carne, algo más complejo, más sutil, más oscuro que la mera carne hecha de células, tejidos y nervios; pues también era (pongamos el caso de Martín), era ya recuerdo y, por lo tanto, algo que se defendería de la muerte y de la corrupción, algo transparente, tenue pero con cierta calidad de lo eterno e inmortal; era Louis Armstrong tocando su trompeta en el Mirador, cielos y nubes de Buenos Aires, las modestas estatuas del Parque Lezama en el atardecer, un desconocido tocando una cítara, una noche en el restaurante Zur Post, una noche de lluvia refugiados debajo de una marquesina (riéndose), calles del barrio sur, techos de Buenos Aires vistos desde el bar del piso veinte del Comega.

Y todo eso lo sentía a través de su carne, de su suave y palpitante carne que, aunque destinada a disgregarse entre gusanos y grumos de tierra húmeda (típico pensamiento de Bruno), ahora le permitía entrever esa especie de eternidad; porque como también alguna vez le diría Bruno, estamos de tal modo constituidos que sólo nos es dado vislumbrar la eternidad desde la frágil y perecedera carne.

Y él había suspirado entonces y ella le había dicho "qué". Y él le había respondido "nada", como respondemos cuando estamos pensando "todo". Momento en que Martín dijo casi sin querer, a Bruno:

—Aquí estuvimos una tarde con Alejandra.

Y como si no pudiera detener su bicicleta, perdido el control, agregó:

—¡Qué feliz fui aquella tarde!

leer más...

31 mayo 2007

Ten miedo de mayo porque no puede ser




Lo que sientes sólo te importa a ti. Es lo que le demuestras a la gente que quieres lo que realmente importa. Eso es lo único que cuenta.


The Last Kiss D: Tony Goldwyn



Tu olor de almizcle se escurrió entre mis dedos como si de arena de la Costa Catalana se tratara. La eterna espera acabó con noches de blanco satén y mañanas de crepes azucarados. Los besos almibarados dejaron paso a desencuentros por los pasillos. Ya no más sonrisas ni miradas furtivas. Ya nada de caricias disimuladas. Sólo miradas desviadas...
Efectivamente, avisaste pero no hice caso. Efectivamente, mi forma de querer fue dejarte que me quisieras. Efectivamente, no me recordarás por mis pensamientos secretos sino por los que compartimos.

Pero a pesar de todo ello, sigo impregnado de tu olor almizclado, desayuno crepes azucarados, sueño con besos almibarados, imagino miradas furtivas, acaricio tu sombra en la distancia. Porque todo valió la pena, porque fue bonito luchar contra el destino y sortear sus trampas, porque, aunque condenados a no encontrarnos, tú y yo, nunca dejaremos de buscarnos.

Porque nunca habrá un último beso, sino un primer reencuentro.

leer más...

14 mayo 2007

Duetos

Pocas cosas despiertan en mí esa necesidad de introspección, de estar conmigo mismo a solas, rodeado de oscuridad, en el silencio de la noche, y Doctor en Alaska es una de ellas. Ya desde 1998, me quedaba durante las cortas noches de verano hasta altas horas de la madrugada esperando impaciente para poder obtener mi dosis diaria de filosofía, psicología, literatura y naturaleza. Mientras esperaba sentado delante de la TV, miles de ideas se arremolinaban en mi cabeza. Iba a primero de carrera y la vida se abría ante mí con todos sus interrogantes. Puedo decir, orgulloso, que mi cosmovisión ha estado, y estará, marcada por retazos de Northern Exposure. Sentado en una silla, y a lo largo de una hora, fui descubriendo la poesía, la filosofía o la relación armónica del hombre con la naturaleza... Indescriptibles sensaciones recorrían mi cuerpo provocándome escalofríos. La necesidad de viajar y de conocer mundo, puedo decir que, en parte, tuvo su epicentro en la lejana y fría Alaska.

La letanía de Chris Stevens desde la K-OSO me envolvía durante una hora hasta que me retiraba a la cama, contento: “mañana será otro día en Cicelly y allí volveré a estar, puntual”.

leer más...

30 abril 2007

Hablemos sobre...

...Amor

Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! y en esto soy irreductible no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Esta fue y no otra la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres
¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Texto de Oliverio Girondo extraído
de la película
El Lado Oscuro del Corazón
leer más...

18 abril 2007

Hablemos Sobre...

...Sexo

Hache: - sos activo o pasivo
Dante: - esas cosas a ti no te importan, no seas indiscreto
H: - desde chico, desde que más o menos supe que eras gay o algo así, siempre quise saberlo, pero si te importa no me lo digas
D: - Cuando un hombre se mete en la cama con otro hombre para hacer el amor es igual que con una mujer, haces todo lo que te da placer, haces, y dejas hacer.
H: - ¿Te gustan más los hombres que las mujeres?
D: - ¿En general dices? Nooo… de qué sexo sea en realidad me da igual, es lo que menos me importa, me puede gustar un hombre tanto como una mujer, el placer no está en follar, es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda, bueno, no es que no me atraigan, claro que me atraen, me encantan, pero no me seducen, me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer, conocer, poseer, dominar, admirar… La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes, ¡hay que follarse a las mentes!

Extraído de la película Martín Hache
leer más...