Con la primera visita del Papa Bento XVI (también conocido como Benedicto) a África se ha puesto en movimiento todo el engranaje mediático que una visita de tal calibre merece. Tras su llegada a Camerún ayer, se espera el aterrizaje en Angola para este próximo viernes día 20.
En Camerún ya ha desatado a las masas de fieles que siguen todos sus pasos por la capital, Yaundé. Mientras, Luanda, la ciudad del caos y el desespero limpia su cara para mostrar su lado más humano a su distinguido invitado. La visita del Papa representa, para los angoleños, el reconocimiento de los avances realizados en tan sólo siete años de paz. Buenos augurios para el ego patriótico: lo hemos hecho bien, lo estamos haciendo bien, lo haremos aun mejor y he aquí nuestro regalo. Reconocimiento a los esfuerzos de reconciliación nacional. Y digo yo, qué niño le hace un feo a un caramelo después de portarse bien. Está muy bien venir a “rescatar los anteriores valores cívicos y la moral perdida” (según reza la iglesia angoleña), pero para eso Angola y los angoleños necesitan ser rescatados antes de su propio destino. Seguramente, el policía, aunque más íntegro tras una reflexión sobre su debilidad espiritual, continuará pidiendo gasosa (vamos, un incentivo) cuando le plazca, como hasta ahora. El nuevo angoleño necesita de nuevos valores y de nueva moral, y no precisamente de aquellos antiguos, forjados bajo el dominio del hombre blanco tras siglos de sumisión y explotación. Ya lo dijo el filósofo, que el hombre nuevo necesita de una nueva moral.
Pero lo que se viene celebrando en realidad no es otra cosa que los quinientos años de la llegada del hombre blanco civilizador a Angola. Quinientos años del éxito de la misión evangelizadora llevada a cabo por los primeros colonizadores portugueses. El éxito del proceso de conversión al cristianismo de las salvajes tribus africanas. Conmemoración del medio milenio de la imagen del colono portugués con la palabra de Dios en una mano y el látigo en la otra. Quinientos años conduciendo a los esclavos desde el interior del territorio hasta la costa para ser embarcados en un viaje de no retorno al nuevo mundo. De Angola salió la mayor parte de los esclavos necesarios para cubrir la espectacular demanda de las colonias portuguesas allá en América. Las plantaciones del Brasil devoraban mano de obra a un ritmo vertiginoso. Mientras, el colono blanco (que dormía con su Biblia debajo de la almohada) se adentraba en el interior del país para extraer su mayor riqueza, la mano de obra, al tiempo que iba plantando la semilla del Evangelio. Misiones católicas a cambio de… nada.
A pesar de su mal comienzo, la iglesia jugaría en tiempos posteriores un papel social importante e insustituible. Ya en el siglo pasado, en tiempos de la guerra civil (y una vez que los portugueses hubiesen abandonado ya el país amenazados por el negro revuelto contra su amo), la iglesia se convirtió en uno de los pocos actores que asistieron a una gran parte de la población, salvándola de una muerte segura. Los líderes tradicionales (los llamados Sobas) buscaban todo tipo de asistencia y protección -alimentaria, sanitaria y, por supuesto, espiritual- en las misiones, mientras las distintas facciones arrasaban aldeas y poblados para ganar terreno al enemigo. El papel de los misioneros entonces fue realmente digno de alabanza. La sociedad civil por aquel entonces se reducía a la Iglesia, principalmente católica. Sin embargo, más tarde con la llegada del ejército humanitario, su papel quedó relegado a un segundo plano.
Y eso es lo que se celebra en estos días. La llegada del Soba blanco, al país del Rey Negro. Visita de cortesía a sus fieles. Mientras la minoría adora a otro dios, en tierras del Rey Negro, el Soba blanco busca a sus fieles entre los más pobres. Africa es el continente que registra un mayor crecimiento del catolicismo -con un 17% de sus casi mil millones de habitantes declarándose como tales-.
Tras su parada en Camerún, su próxima escala llega a la capital de Angola, Luanda. Allí ya está todo preparado. Cosa increíble en un país en el que la agenda para cualquier evento está siempre en continua mudanza hasta justo el minuto antes del comienzo del primer acto. Si todo sale bien será, sin ningún lugar a dudas, un milagro. Y este ya quedará registrado en la cuenta del Soba, para cuando quieran beatificarlo algún día.
La palabra del Papa va a misa, como se suele decir. Lástima es que nunca, o casi nunca, éstas sean las adecuadas. Cuánto ayudaría oír salir de su boca ideas y conceptos “comestibles”. Qué bueno oírle gritar a sus fieles la importancia de la lucha por la mejora de la cobertura de sus necesidades básicas, como agua y saneamiento, en los barrios urbanos y peri-urbanos más pobres, sus barrios. Qué alegría si recordara a todos los presentes la importancia de los derechos de tenencia sobre la tierra de las comunidades rurales para poder garantizar la seguridad alimentaria de miles de campesinos. Cuánto ayudaría oírle hablar a toda la plana mayor del gobierno sobre la necesidad de continuar con la lucha contra el VIH-SIDA, así como de la planificación familiar. Cuán fantástico sería oírle hablar sobre la importancia que tiene el acceso a la educación para el desarrollo del país. Cuánto se avanzaría en la lucha contra la pobreza mejorando los servicios sanitarios y el acceso a los medicamentos y vacunas.
Pero no, eso no va a suceder. Ya antes de llegar a Angola su palabra destructora le precede. Todo el trabajo que cientos de organizaciones llevan realizando desde hace unos cuantos años puede irse al garete por culpa del integrismo ideológico del Soba blanco. Bien saben los misioneros que trabajan en el país que esta realidad no es la misma que la de allá en Roma. Quizás se pueda gritar en la plaza del Vaticano que los preservativos no son la solución para acabar con el sida. Allí el fiel siempre puede acudir -después de que acabe la misa- al hospital de su barrio y hacerse unos análisis a él y a su pareja, tras lo cual concertar una cita con la consejera sobre planificación familiar. Pero oír ese tipo de argumentos en el África de hoy, donde el sida es una arma de destrucción masiva, eso, eso es terrorismo divino. Mesianismo de destrucción masiva.
Desgraciadamente, la palabra de Dios no se come y tampoco sirve para evitar coger una sífilis, una gonorrea o el Sida. Lo que es verdad es que las calles de Luanda no están tan limpias como va a estar la moqueta roja sobre la que va a pisar su Santidad el Soba alemán. Otro milagro a contabilizar será si, tras besar el suelo angoleño el pobre hombre no coge una infección de caballo. Esperemos que no tenga el mismo vicio que su antecesor. Quizás el agua y el saneamiento hayan llegado hasta esa pista del aeropuerto, e incluso seguramente hasta las calles principales por donde pasará la comitiva con su papa-móvil. Unas calles despejadas de los eternos "engarrafamentos" que bloquean día y noche la ciudad, convirtiéndola en una pesadilla. Pero detrás del muro de adobe, allí, sólo la palabra de Dios habrá llegado, por el momento. Esperemos que en breve lleguen el resto de plegarias en forma de servicios básicos y de desarrollo socioeconómico. Nadie dijo que no haya que alimentar al espíritu, lo que se expone aquí es que también hay que dar de comer a la numerosa y extendida familia.
Así es que, por favor, cierre la puerta después de salir, no vaya a ser que entren los mosquitos malariosos de la letrina del vecino.

Me sabía perseguido. Acelerando el paso intentaba despistar a ese aliento que ya sentía en mi pescuezo. Cuando decidí girarme, decidido a enfrentarlas y arriesgándome con ello a sufrir una de aquellas casualidades en la vida que cambian tu destino para siempre.
M. Yourcenar escribe: I de sobte,
com un llamp,
una imatge,
una olor,
un no res recorre el meu cos,
procurant-me una felicitat absoluta mai coneguda,
durant un instant.
És el mal d’Africa
Miquel Barceló
Segu, Mali
6.XI.94



Porque este blog nació en su día a causa de un chispazo que se produjo una noche de concierto, porque tenía que haber una forma de no perder los recuerdos, más allá del papel, de luchar contra el olvido. Si en ocasiones he usado esta ventana virtual para asomarme a parajes a los que no pude llegar de otra forma, y decir cosas que no dije cara a cara; si ha sido así, de ahora en adelante ya no volverá a ser. El papel vuelve a ocupar el lugar de antaño, a mi vera. La mano desentrenada vuelve a coger carrerilla.
Llevo ya algún tiempo decidiendo qué hacer con mi vida. Ahora que ya parece que las cosas van tomando forma, me doy cuenta de que esta canción de Sopa de Cabra, titulada Camins, ha dado respuesta a muchos de mis interrogantes. La he escuchado una y otra vez a lo largo de estos dos últimos meses. Sentado en la terraza de mi casa sumida en el silencio de la noche, sonaba una vez tras otra esta letra, a la vez que se iba ordenando la marabunta de pensamientos en mi cabeza. Con el perfil de Barcelona de fondo, el mensaje enviado desde mi cerebro se hacía cada vez más claro: nadie dijo que iba a ser fácil encontrar el camino, lo único cierto es que al final habrás de tomar la dirección que marque tu corazón, pese a quien pese.
Ya se alejan en medio del polvo, en la soledad mineral, en aquella desolada región planetaria. Y pronto no se distinguirán, polvo entre el polvo. Ya nada queda en la quebrada de aquella Legión, de aquellos míseros restos de la Legión: el eco de sus caballadas se ha apagado; la tierra que desprendieron en su furioso galope ha vuelto a su seno, lenta pero inexorablemente; la carne de Lavalle ha sido arrastrada hacia el sur por las aguas de un río (¿para convertirse en árbol, en planta, en perfume?). Sólo permanecerá el recuerdo brumoso y cada día más impreciso de aquella Legión fantasma. "En las noches de luna --cuenta un viejo indio-- yo también los he visto. Se oyen primero las nazarenas y el relincho de un caballo. Luego aparece, es un caballo muy brioso y lo monta el general, un blanco como la nieve (así ve el indio al caballo del general). Él lleva un gran sable de caballería y un morrión alto, de granadero." (¡Pobre indio, si el general era un rotoso paisano, con un chambergo de paja sucia y un poncho que ya había olvidado el color simbólico! ¡Si aquel desdichado no tenía ni uniforme de granadero ni morrión, ni nada! ¡Si era un miserable entre miserables!) Pero es como un sueño: un momento más y en seguida desaparece en la sombra de la noche, cruzando el río hacia los cerros del poniente.
Paz y serenidad al atardecer, en tu regazo... ¿Hay acaso algo mejor que eso? ¿Existe algún otro momento que pueda saciar tanto el espíritu a cambio de tan poco? Cientos de pensamientos aprovechan entonces para arremolinarse en mi cabeza. Y entonces tú preguntas: -qué; y yo respondo con un: -nada; ese nada que, en realidad, intenta abarcar todo lo que quisiera decirte pero no puedo, simplemente porque no sé por dónde empezar.
The Last Kiss D: Tony Goldwyn
Tu olor de almizcle se escurrió entre mis dedos como si de arena de la Costa Catalana se tratara. La eterna espera acabó con noches de blanco satén y mañanas de crepes azucarados. Los besos almibarados dejaron paso a desencuentros por los pasillos. Ya no más sonrisas ni miradas furtivas. Ya nada de caricias disimuladas. Sólo miradas desviadas...
Efectivamente, avisaste pero no hice caso. Efectivamente, mi forma de querer fue dejarte que me quisieras. Efectivamente, no me recordarás por mis pensamientos secretos sino por los que compartimos.
Pero a pesar de todo ello, sigo impregnado de tu olor almizclado, desayuno crepes azucarados, sueño con besos almibarados, imagino miradas furtivas, acaricio tu sombra en la distancia. Porque todo valió la pena, porque fue bonito luchar contra el destino y sortear sus trampas, porque, aunque condenados a no encontrarnos, tú y yo, nunca dejaremos de buscarnos.
Porque nunca habrá un último beso, sino un primer reencuentro.
Pocas cosas despiertan en mí esa necesidad de introspección, de estar conmigo mismo a solas, rodeado de oscuridad, en el silencio de la noche, y Doctor en Alaska es una de ellas. Ya desde 1998, me quedaba durante las cortas noches de verano hasta altas horas de la madrugada esperando impaciente para poder obtener mi dosis diaria de filosofía, psicología, literatura y naturaleza. Mientras esperaba sentado delante de la TV, miles de ideas se arremolinaban en mi cabeza. Iba a primero de carrera y la vida se abría ante mí con todos sus interrogantes. Puedo decir, orgulloso, que mi cosmovisión ha estado, y estará, marcada por retazos de Northern Exposure. Sentado en una silla, y a lo largo de una hora, fui descubriendo la poesía, la filosofía o la relación armónica del hombre con la naturaleza... Indescriptibles sensaciones recorrían mi cuerpo provocándome escalofríos. La necesidad de viajar y de conocer mundo, puedo decir que, en parte, tuvo su epicentro en la lejana y fría Alaska.
La letanía de Chris Stevens desde la K-OSO me envolvía durante una hora hasta que me retiraba a la cama, contento: “mañana será otro día en Cicelly y allí volveré a estar, puntual”.
Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! y en esto soy irreductible no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
...Sexo