Aquellos Maravillosos Años: de Skinheads, Rude Boys y SkaCuando las Etiquetas Hablan por NosotrosCon los pies en la tierra... robadaSobre Crisis, Elecciones Catalanas y El Mundo en GeneralEn Imágenes: The Reed DanceDe Fotografía, Reyes y Vírgenes: The Reed DanceEtnocentrismosMercadotecniaAngola. Um processo de (re)construção socialImaginemos un Mundo NuevoMedios Sociológicos para Desenmascarar la RealidadTrabajos de Campo"Este mundo ya no es el mío"CosmovisionesEl Continuo Devenir de las Cosas : PANTA REI
"Para todos aquellos de ahí afuera que aun no lo sepan: This is Skaaaaaaaaa".
Sin Martens, Bomber ni Harrington. Pero armado con mi ropa de batalla, mi Fruit of the Loom gris (con su parche de Dr. Calypso, cosido por mi madre, por cierto) y mi chaqueta militar negra comprada en la Gijoe, no había pogo que se resistiera. Clase de aeróbico, con birra y humo incluídos. No hay gimnasio ni clase de spinning que iguale una hora y media de buen ska. Por supuesto, rodeado de skins, de los genuínos. De esos que asumen la historia y las raíces del movimiento.
En clase, me pasaba el día dibujando Rude Boys, con sus saxofones, sus gafas oscuras, sombreros y loafers blancos y negros. Tiras y tiras de cuadritos negros y blancos. Más allá de Bob Marley y el reggae, el ska me llevó a descubrir las raíces de la música jamaicana, de su evolución en la metrópoli londinense, de su influencia en la conformación de las tribus urbanas británicas, mestizas e interraciales. Supuso el primer contacto con los procesos colonizadores y la riqueza, cultural, que estos aportaron; pero en este caso, de la periferia hacia el centro.
Analizándolo ahora, me doy cuenta de cómo esa abertura a otras realidades y problemáticas sociales tuvieron un impacto en mi forma de ver el mundo. Más allá de la subcultura urbana de turno (que todo adolescente debe abrazar más tarde o más temprano), la conciencia de que todo proceso (musical, social, cultural) es una mezcla de influencias lejanas y remotas abría mi apetito de conocimiento.
Cuando uno se entera de que una música como el ska, viene en realidad del boogie-boogie norteamericano, pasando por el Caribe, aunque personalizada en subculturas urbanas originalmente británicas, se da cuenta de que el mundo es más complicado de lo que parece. Y así, empieza a investigar, a conocer y a toparse con culturas que nunca habría imaginado que existían.
Y claro, luego llegan un António Salas y su "Diário de un skin" o un "American History X" y todo acaba reduciéndose a neonazis y palizas a negros y musulmanes. Pero hay más, mucho más que eso. Skinheads y racismo son como agua y aceite. Son (o eran) contradicción pura. Para aquel que esté interesado en dar un paso más allá, aquí va este video: Skinhead Attitude.
Última hora: revisando los links de este post y en específico el del pogo se ha comprobado una vez más que la realidad supera la ficción. En relación a este baile, la Wikipedia dice: Un grupo de investigadores de la Universidad de Cornell han estudiado el comportamiento en estas situaciones analizando
diversos vídeos encontrando similitudes con el movimiento de las
partículas en un gas. Y uno no puede dejar de pensar que tan sólo esta prestigiosa universidad podía abordar tan serio asunto.
Y cuando uno se da cuenta que Sid Vicous podría haber sido el creador del pogo la preocupación aumenta aun más; asunto serio y controvertido este (juassss).
Buen experimento sobre las distintas reacciones de la gente ante ciertas situaciones e individuos causadas por pre-juicios o simplemente llevados por el 'etiquetado'.
Sobre lo que hemos estado investigando en estos últimos tiempos. El Land Grabbing o acaparamiento de tierras aquí en Mozambique es una realidad. Muchas y nuevas oportunidades de desarrollo con consecuencias desastrosas para los pequeños productores, es decir, para el 80% de la población.
Mis amigos no hacen otra cosa que enviar retahílas de mails interminables
sobre política, crisis, elecciones autonómicas, corrupción y vuelta a empezar.
Y claro, eso le queda a uno taaaaan lejos de aquí que no puede más que expresar su opinión breve y concisamente. Si no es falta de empatía no, es cansancio.
Que uno ya es patrón hace algunos años; bueno, se es "o patrão" o el "boss" o "o chefe", pero no por cuestión de relaciones laborales, no, sino por cuestión de color de piel.
Quien quiera insurrección, que le pregunte al Último. El estilismo del video no tiene desperdicio.
Tras tres meses de hibernación en la funda, es hora de desempolvar a la joya de la familia. Es Swazi time de nuevo, es la hora del reino, de las costumbres y tradiciones. Es hora del Reed Dance o Umhlanga. Queda terminantemente prohibido el Instagram.
No, no es esa noticia de medio minuto que sale cada agosto en los telediarios, justo después del apartado de sucesos y antes de los deportes, sobre un lejano y curioso reino en el Sur de África, llamado Swazilandia. Este es un rito real, sin mayúscula, en un reino real, con un rey con problemas reales. Aunque convertido en espectáculo para curiosos, continua teniendo su significado y su importancia cultural en este mundo post-moderno. Aquí, cada año las vírgenes bailan y el rey escoge. Vamos, lo mismo que ya viene ocurriendo en la sombra desde hace algunos años en el Reino de España.
AVISO: este espectáculo está calificado como "apto para todos los públicos, incluidos Republicanos y antimonárquicos".
En Mozambique, los antepasados aprovechan este día para mandar mensajes a sus seres queridos, a los que viven en el mundo de los vivos.
Su función principal, protegerlos de posibles infortunios. Avisarlos y evitar la desgracia.
Última Hora - Las principales compañías de teléfono del país, Vodacom y Mcel, anuncian una tarifa especial para estos días: 2 Meticales cada SMS y servicio Roaming gratis para aquellos usuarios que se encuentren entre el Limbo y el Más Allá.
As fotografias de Ruben Villanueva Rodríguez que integram esta exposição nos levam aos territórios extremos de Angola nos dias atuais. Demonstram que a imagem é, por vezes, mais contundente do que a linguagem fria de conceitos e teorias.
Todos sabemos dos desatinos cometidos pela dominação colonial na África. Etnias foram destruídas, patrimônios imemoriais considerados primitivos, exóticos, selvagens. Independentes, esses povos lutam para sobreviver e garantir seu papel, expor suas esperanças e estilos próprios diante de um mundo globalizado em que os desastres planetários ocorrem por toda parte.
As fotos integram a tese doutoral de Clara Pugnaloni, que soube integrá-las com sensibilidade e criatividade ao corpo do texto, demonstrando que a religação arte-ciência é crucial para o conjunto das ciências humanas.
O apoio do COMPLEXUS, núcleo de estudos da complexidade, à exposição ilustra o fato de que a fragmentação dos saberes está com os dias contados e a religação é a única via possível para a reforma da vida, da sociedade, da educação e do próprio pensamento.
A Representação e o Real
Clara Pugnaloni
Ruben Villanueva Rodríguez atuou em projetos humanitários em Angola para as oganizações Acção Contra a Fome (ACH) e Organização das Nações Unidas para a Agricultura e Alimentação (FAO), entre os anos de 2007 e 2009. Fiel ao registro documental do sociólogo retratou não apenas recortes da vida, como os reflexos deixados pelo longo período de guerra nas veias do país. Nas veias de um povo que está ainda “a se acostumar” ao tempo de paz, à superação de tanto sofrimento e à ruptura com a submissão ao conflito. Um tempo em que é possível viver. Um tempo em que é possível também sonhar com saúde e paz, como cumprimentam os angolanos.
São expostos os resquícios de um passado recente marcado pelo conflito armado que ficou estampado nas cenas do cotidiano. Aspectos da ancestralidade e dos costumes tradicionais são revelados. Assim como paisagens que presenciaram a escravidão, a liberdade, a mortandade e, que, agora, testemunham uma nova esperança na vida.
As imagens possuem um valor estético inegável e um valor documental que enriquece o patrimônio iconográfico de Angola. As fotografias recuperam fragmentos da vida social como elementos de preservação da memória histórica. E, mais que isto, registram um período contemporâneo de reconstrução da própria maneira de viver e de se relacionar do povo. Em um tempo em que é imprescindível a superação das antigas divergências que sustentaram o caos.
Reconstrução
Ruben Villanueva Rodríguez
O reerguimento de Angola inicou há apenas 10 anos e encerra dois processos paralelos e que correm em velocidades diametalmente opostas. Há, por um lado, a reconstrução material de infrestrutura, da economia e dos meios de produção. E, de outro, a reconstrução social com a busca de uma identidade nacional.
A liderança na extração de pretróleo no continente africano e a posição de um dos maiores produtores mundiais de diamantes causou uma verdadeira disparada no crescimento econômico, nos últimos anos. Essa riqueza não se reflete, no entanto, na vida da população. As diferenças sociais aumentam a um rítmo preocupante e situam Angola em 146º lugar no Índice de Desenvolvimento Humano, num ranking de 169 países. Atrás do Haiti.
Essa conjuntura díspar faz com que Angola seja vista, por alguns, como um caso de crescimento e recuperação exemplar, ou um novo El Dorado. E, por outros, como prova viva de que o capitalismo selvagem e o individualismo dele resultante só aumentarão a ruptura. Alavancarão a brecha social entre os mais pobres e as novas elites urbanas em rápida expansão.
Realidade e Reflexões
Diversidade e riqueza étnica: ainda que o Português seja a língua oficial existem cerca de quarenta línguas nacionais e dez grupos étnicos no país. O longo período de mais de 40 anos de isolamento e as difíceis condições de acesso à extensas regiões - por falta de infraestrutura e perigo de milhões de minas antipessoais ainda hoje disseminadas por todo o seu território - tem permitido a algumas etnias conservar, quase sem interferência externa, a sua forma de vida ancestral. Os mercados locais são um dos melhores lugares para observar o encontro e as interações dessa diversidade.
Modernidade e modernização: a vertiginosa onda de modernização devido às emergentes indústrias petroleira e de pedras preciosas, bem como a abertura do mercado às importações, começa a mudar o modo de vida de grande parte da população. E, ao mesmo tempo, acentua as contradições entre população urbana e a população rural, ainda alheia ao novo contexto.
O futuro incerto: embora o redescobrimento do potencial econômico de Angola tenha atraído as atenções de países de dentro e de fora do continente africano, a realidade quotidiana mostra um panorama desencorajador. O constante apelo dos governantes à unidade no país, por meio do recurso do patriotismo e da identidade nacional, é um sintoma do perigo de ruptura ainda latente. As grandes obras - próprias do período de reconstrução - contrastam com a falta de serviços básicos como fornecimento de água, energia e saneamento. E, sobretudo, de investimento na educação.
Ruben Villanueva Rodríguez nasceu em Barcelona em 1979. Formou-se em Sociologia pela Universidade Autònoma de Barcelona (UAB). É mestre em Estudos para o Desenvolvimento pela mesma instituição. Especializou-se em Relações Internacionais. Trabalhou em coordenação de projetos de ajuda humanitária na Guatemala, Bolívia, India e Malawi. Em Angola foi consultor das Nações Unidas para a Agricultura e Alimentação (FAO) e Acão Contra a Fome. Participou de projetos de desenvolvimento em Honduras e Moçambique.
Começou a fotografar para registro e documentação das realidades percebidas em suas ações em campo. Foi vencedor em 2010 do concurso A Água é Vida, realizado em Madri, com a foto Banho Matinal captada em Angola. As suas fotografias tem ilustrado livros e materiais de divulgação de distintos projetos de desenvolvimento ao redor do mundo.
Atualmente está baseado em Moçambique e trabalha como consultor independente para projetos relacionados com o direito à terra das populações rurais.
Fotografias e objetos:
acervo de Ruben Villanueva
acervo de Clara Pugnaloni
Realização:
Museu da Cultura
Faculdade de Ciências Socais
Pontifícia Universidade Católica de São Paulo
Direção:
Dorothea V. Passetti
Curadoria:
Clara Pugnaloni
Organização:
Procultura Comunicação I Desenvolvimento
Apoio Institucional:
Acción Contra el Hambre – ACH International
Departamento de Ciências Socais da PUCSP
COMPLEXUS - Núcleo de Estudos da Complexidade da PUCSP
Associação dos Ex-alunos da PUCSP
[1]Professor titular de Antropologia, coordenador do núcleo de estudos da complexidade, coordenador brasileiro da cátedra itinerante UNESCO Edgar Morin para a América Latina.
¿Os imagináis levantaros un domingo, abrir el periódico y no encontrar ningún comentario xenófobo, racista o fascista?
¿Os imagináis levantaros una mañana cualquiera y encontrar que los lectores del ABC han considerado como "comentarios inadecuados" todas aquellas referencias racistas y xenófobas vertidas sobre los inmigrantes?
¿Imagináis que sólo hayan considerado como "adecuados" aquellos comentarios que explican "la otra Historia", la Historia desde el otro lado, la Historia real, sin sesgos ni deformaciones de ningún tipo?
Yo sí que me lo imagino.
Y aquí está la prueba (2.220 En Contra y 1.520 A Favor después):
Vale la pena echar un ojo a este proyecto musical angoleño que al final se convirtió en una iniciativia sociológica para desenmascarar la realidad. Si bien el Hip Hop ya tiene algo de ello, el propio proyecto de rodaje del vídeo musical de este grupo es un serio documento descriptivo de la realidad de Angola y más concretamente de Luanda.
Porque los caminos de la Sociología son insospechados...
1º Documento: Trailer del Making Of... en Radio Fazuma
2º Documento: Video Clip Final É Dreda ser Angolano
"Análisis Socioeconómico de Género: Derechos de la mujer en el acceso a y pose de tierra en las provincias de Zambézia, Nampula, Niassa y Cabo Delgado".
Tras un duro mes de trabajo y una encuesta a 2.000 personas durante dos semanas en el terreno, ahí van algunos resultados...
Qué bueno volver a hacer análisis sociológico... Recuerdos de facultad... De nuevo, la mirada del Sociólogo y, últimamente, también la aun joven mirada del fotógrafo.
El anuncio del fallecimiento de Lévi-Strauss conmociona a Francia
Dedicó toda su vida a explicar y a explicarse el mundo desde la antropología. Y con sus obras lúcidas y sensibles iluminó la Francia de la segunda mitad del siglo XX. Hasta que la madrugada del domingo pasado el filósofo y antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, pensador clave del siglo XX, falleció, cuando estaba a punto de cumplir 101 años. Su muerte se hizo pública ayer, y causó una enorme conmoción en Francia, después de que se celebrasen sus exequias en Lingerolles, en la Costa de Oro.
Muere Claude Levi-Strauss a los 100 años. Una entrevista de 2005. Con ocasión del fallecimiento del gran antropólogo francés, rescatamos esta entrevista de marzo de 2005. Seguir leyendo la entrevista en Rebelión
Sentados en la baranda hablábamos reposadamente de las distintas visiones de la muerte existentes en Angola. Tras llegar a su casa, el compañero Batuque nos recibía por segundo día consecutivo en el abarrotado patio trasero. El entierro de su pequeña había sido tan sólo unas horas atrás.
El ritual era el siguiente. Entre idas y venidas atendiendo a las necesidades de los asistentes al óbito, él iba sentándose y conversando con cada uno de los grupos formados a lo ancho del patio. A nosotros (a Daniel, a Marcelino y a mí) nos hacía un pequeño briefing de la velada, un pequeño programa del entierro. Para un extraño en la materia como yo (un blanquito, un pula, el único allí) la explicación le sonaba a revelación, como parte de un lección de antropología, mientras que a Daniel y a Marcelino (ambos Angolanos, aunque de la etnia Nyanyeca-Humbi y no de la Ovimbundu, como Batuque) era un refresco para la memoria, una actualización.
Nosotros allí en Benguela, nosotros los Ovimbundu, conmemoramos al difunto durante siete días, hasta llegar de nuevo a la fecha en que nuestro ser querido nos dejó. Sólo al octavo día la gente vuelve para sus casas. Todo inicia con la difusión de la noticia. Desde ahí, las personas se movilizan para llegar hasta la casa del difunto. Hay gente que viene de Luanda, otros de Benguela, otros de Huambo y Bié y muchos más de la casa de al lado o del pueblo vecino. La gente puede tardar hasta tres días en llegar y es precisamente por eso que el óbito dura siete días, pues todos tienen que poder llegar a tiempo.
Ayer por la tarde, unas horas después del fallecimiento, veíamos llegar a los primeros allegados. Mientras, en el patio de la casa todo estaba ya preparado para acoger a los recién llegados. Grandes troncos de madera empezaban a arder en una hoguera, y lo seguirían haciendo hasta justo el último día del óbito. Una ristra de bancos (por su forma, seguramente prestados por la parroquia) se alineaban cerca del fuego, preparados para acomodar a las personas. Por una ventana abierta salían los cantos de las mujeres velando el cuerpo. La caja abierta con el cuerpo se pone siempre encima de la mesa de la sala, me dice Daniel. Un grupo de mujeres molían maíz para hacer fungi y azuzaban el fuego, preparando el avituallamiento para el personal. Grandes ollas esperaban cerca de la lumbre. Tío Batuque, tenemos que ir a recoger una olla a casa de la tía, le decía una sobrina. Yo tengo el coche ahí fuera si necesitas un apoyo, contesté yo. Al minuto, salía en dirección a la plaza del pueblo con el coche cargado con diez personas más, además de mí. Aunque no sabía de dónde habían salido todas ellas (pues juraría que en el óbito aun no tenía tanta gente), había cometido el error de no recordar que aquí en Angola cuando hay boleia te salen amigos por todas partes. Fue así que llegamos a la plaza y todos se bajaron para perderse entre los callejones del barrio. Al rato volvieron las dos sobrinas con la grande olla y nos dirigimos de nuevo hacia el óbito.
Un altavoz del tamaño de una lavadora (cosa más que común por aquí, pues un buen y potente altavoz nunca falta en ningún evento que se precie) se encontraba a la entrada de la casa. Le pregunté medio en broma si es que iban a poner Kizomba. Batuque me explicó que antiguamente eran las mujeres que cantaban músicas religiosas durante toda la noche, pero que con los nuevos tiempos es más cómodo poner un CD (una verdad aplastante, por otra parte). Las ollas empezaban a hervir, mientras, los asistentes iban llegando. Ataviados con chaquetas y ropa de abrigo, traían sus mochilas con mantas y todo lo necesario para pasar la noche en aquel frío patio a cielo abierto y, muchos de ellos, también los abrasadores días. El patio de la casa se preparaba para convertirse en campamento temporal. Siempre que en las comunidades donde trabajamos miraba extrañado a gente que cargaban con bolsas y mochilas, Daniel me decía que iban para un óbito. Y yo no acababa de entender cómo él conseguía distinguir entre los que iban al óbito y las que iban, no sé, a la plaza a comprar o a la ciudad. Ayer por la tarde lo confirmé, pero aun así supongo que existe un cierto patrón, que aun no he conseguido descubrir, para saber los destinos de esas personas. No había niños por ningún lado. Normalmente los niños son “transferidos” hacia casas de familiares o amigos, me aclaraban.
Hoy, acababa de llegar un grupo de familiares de Luanda. Tengo un equipo de familiares que están discutiendo sobre la organización del óbito, nos decía Batuque. Me atrevo a decir que la cuestión del protocolo y del respeto por las tradiciones y la cultura son de tanta importancia para organizar un “buen óbito”, que por eso tiene comité organizador. Bueno, y porque la organización logística para alimentar y acoger a esa alargada y casi inacabable “familia extendida” africana no es nada fácil, ni económicamente ni logísticamente. Esa es una de las razones por las que sólo entrar en la casa, el allegado tiene un cuaderno en el que escribir cuál ha sido su contribución al evento: 500 Kwanzas, un Kg. de azúcar, un saco de 25 Kgs de maíz, un litro de aceite, un saco de patatas etc.
Al hilo de lo que iba diciendo, realmente existen “buenos” y “malos” óbitos, pues ésta es una ocasión especial en la que se puede comer y beber “por la cara” durante una semana. Y no es exageración ni escarnio. Hay que pensar que, sobre todo en las zonas rurales, la gente muchas veces sólo hace una comida al día, y que cuando llegan a un óbito tienen hasta tres, sin que eso pueda usarse como motivo de recriminación, pues es una obligación de la familia anfitriona. Así, en todas las conversas de pasillo por aquí, uno siempre oye algún comentario del óbito de fulanito o de menganito, que si faltaba fungi, que si no había sitio para descansar, que si no había bebida… Así, el óbito es realmente un rito fatigante desde el punto de vista organizativo, a lo que se le ha de sumar la fatiga mental, emocional y espiritual.
Hay que decir que el óbito está más concurrido durante la noche que durante el día, pues la mayor parte de las personas venidas de las cercanías vuelve a sus quehaceres cotidianos tan pronto amanece. Todos menos la familia directa, pues si alguno de ellos abandonara el óbito para ir a trabajar (ya sea en su huerta, como en cualquier otra actividad) automáticamente comenzarían los rumores de que está maldecido (está enfeitiçado) y cosas muy malas le van a ocurrir.
Nos explicaba Batuque que a partir del tercer día acaba el lloro y comienza la celebración, cuya transición se hace con una gran comida. A partir de entonces, se canta, se baila y se anima al espíritu: se olvida la pena. Y es que al final de cuentas, el óbito no es más que una forma de no dejar nunca sola a la familia, de tener movimiento en la casa para no sentir el vacío dejado por el difunto. Cualquiera concordará conmigo en que el objetivo realmente se consigue, y con creces.
La celebración continúa hasta el séptimo y último día. En ese día, se conmemora al difunto de forma más intensa. Por norma, el rito presupone que se recuerde aquella que era la actividad que éste desempeñaba en su vida diaria. Si era agricultor (como ocurre en la mayoría de los casos), entonces la familia tiene que ir hasta su campo y recoger una muestra de lo que cultivaba (maíz, calabaza, sorgo, etc.) para compartirla con todos los asistentes. Si, por ejemplo, el fallecido era ganadero, entonces se mata una cabeza o las que haga falta. En los casos en que el fallecido es un Soba (un líder tradicional) se llegan a matar hasta diez cabezas de ganado y el óbito dura hasta tres semanas, durante las cuales siempre hay gente entrando y saliendo de la casa. Si, como en este caso, fuera un niño simplemente se preparaba una comida, sin más.
Es al final del séptimo día cuando los familiares más allegados realizan el rito de la komba, término umbundu que quiere decir barrer. El punto culminante del óbito es éste, cuando se barren las cenizas del fuego que ardió durante toda la semana y que dio calor a los más allegados, el fuego con el que se cocinó y se dio de comer a todos los asistentes. Se barren las cenizas y se apaga el fuego. La pena que duró tres días se ha dejado de lado tras otros cuatro días de celebración.
Nos explicaba Daniel que en la zona de la Lunda Norte (que hace frontera con la R.D. del Congo), antiguamente existía una tradición un tanto particular entre las etnias Nganguela y Kikongo a la hora del anuncio de la muerte de una mujer. Cuando moría la mujer, el marido tenía que ir a anunciarlo a casa de la familia de ella. Lo curioso era que el anuncio tenía que hacerse desde el punto más alto que se encontrara cerca de la casa. Un árbol podía ser más que válido, un montículo o un tejado aceptables. Tras gritar la mala noticia, automáticamente la familia de la mujer salía como una barahúnda detrás del afligido marido, le daban caza hasta alcanzarlo y, si eso ocurría, se enzarzaban en una lucha con él y con su familia (que normalmente se encontraban cerca dando “cobertura” al hombre, en previsión del inevitable desenlace). Esa ira venía provocada por la creencia de que algun feitiço o alguna cosa malvada había tenido que hacer el marido para permitir que su mujer muriera antes que él. La lógica de esta creencia es bien simple: en la cultura africana es muy común que a la hora de dormir el marido sea siempre el que duerme más cerca de la puerta, mientras que la mujer duerme entre el marido y la pared, teniendo al hombre como parapeto. La lógica es bien funcional, pues en términos de seguridad el marido es el protector y la mujer la protegida si alguien, o algo, entrara por la puerta. Desde ese punto de vista, la familia de la malograda se preguntaba cómo podía ser que, si el marido realmente dormía entre la puerta y la mujer, la enfermedad o el feitiço pudieran haber entrado en la casa, hubieran saltado al marido sin hacerle nada (cosa más que improbable, pues lo más lógico es que la enfermedad y el feitiço ataquen antes al primero que se encuentran, que es el marido, y no tener que continuar hasta la mujer que yace plácidamente resguardada cerca de la pared). Siendo así, el marido habría incurrido en un grave error dejando desprotegida a la difunta (pues seguramente, pensaba la familia de la víctima, éste estaba fuera de casa aquella noche, en casa de la otra mujer e incumpliendo con sus responsabilidades conyugales) y teniendo que asumir su culpa a base de mamporros. Afortunadamente, pasada la confusión inicial, comenzaban los preparativos para el óbito.
Tengo 30 años y a lo largo de toda mi vida no habré asistido a más de diez funerales.
En esto de la cooperación internacional estamos bien acostumbrados a recurrir constantemente a estadísticas e informes para mostrar la realidad de los contextos en los que trabajamos. Desafortunadamente, los números siempre se quedan en la abstracción y vagamente nos conectan con la realidad.
Pues bien, la tasa de mortalidad es una de esas variables con las que tanto nos gusta jugar. Sin embargo, para (de)mostrar esa relación entre un número abstracto y el sufrimiento real, basta con pasar una breve temporada en un país africano cualquiera. Pongamos por ejemplo, Angola.
Hace dos días estaba en una boda, comiendo, bebiendo, cantando, bailando y riendo. Hoy, estaba en un funeral, también comiendo, bebiendo y cantando, pero ahora sin baile y con algunas risas menos.
En Angola la muerte es algo palpable, algo que ocurre a cada momento y que afecta con demasiada frecuencia a cada individuo. Aquí, los funerales (óbitos, en portugués) son la segunda causa de absentismo laboral, la primera, evidentemente, son las enfermedades (o “incomodidades”, como dicen por aquí: oi chefe, hoje não vou poder ir a trabalhar, pois estou incomodado). Para un neoliberal ésta es una de sus peores pesadillas, pues los óbitos duran entre dos días y una semana, lo que supone un duro golpe para la productividad del país. Me extraña que a nadie de la OMC, del BM o del FMI se le haya ocurrido aún proponer la abolición de los óbitos en los países menos desarrollados.
Esta tarde, sentado allí en el patio de la casa del compañero Batuque, intentaba averiguar el intríngulis del rito y lo comparaba con nuestra tradición allí en la península. Mi conclusión: la muerte se lleva aquí con mucha más calma, menos dramatismo, más relativismo y más resignación. Todos podemos hacer un rápido ejercicio mental para darnos cuenta de lo enormemente dramáticos que somos los españoles (lo que, seguramente, podría hacerse extensible a todos aquellos países que ocupan los primeros puestos en esas listas de estadísticas, precisamente por registrar sus valores mínimos en relación a algunas tasas, como la de mortalidad) respecto a la muerte: intentad contar el número de funerales a los que habéis asistido a lo largo de vuestra vida o de las muertes de personas cercanas que os han afectado (excluyendo el apartado de sucesos de los noticiarios, claro); seguramente el resultado no será muy distinto del mío (aunque todo dependerá de vuestra edad). Ahora, reflexionando sobre la realidad angoleña. Un ejemplo ilustrativo: la mayoría de actividades que realizamos aquí en la FAO con las comunidades rurales siempre ven mermada su participación por causa de uno u otro entierro, y a veces por más de uno a la vez. Casi siempre nos hemos topado que en alguna comunidad vecina o en la propia ha habido alguna muerte a cuyo funeral los beneficiarios tenían que asistir. Puede parecer que la mayor mortalidad se da en el ámbito rural, pero la situación se repite en la ciudad en igual o mayor medida.
La cuestión era que esta vez la guadaña se había cebado con una pequeña de un año y medio. Vómitos y diarreas durante una semana habían conducido al fatal desenlace. El diagnóstico era más que incierto: creemos que ha sido el cambio de agua o de temperatura entre Lubango y Benguela, pero no sabemos. La incertidumbre siempre es la respuesta de los médicos. Los malos diagnósticos y la falta de tratamiento (o, simplemente, uno inadecuado) se han llevado ya a muchos angoleños. Nadie pide responsabilidades ni busca culpables. La pérdida es asumida con dignidad y resignación, como ya se hizo en el pasado y como se tendrá que continuar haciendo en el futuro. La realidad de las estadísticas se traduce así de esta forma en estas gentes resignadas a continuar con el imparable ciclo de la vida.
Lo que más me admira de estas gentes es su fuerza y su dignidad. ¿Alguien se puede imaginar el dramatismo de la repentina muerte de una hija de tan solo un año y medio? ¿Los lloros y las lágrimas de los más allegados? ¿Las recriminaciones a médicos y hospitales por no saber qué le pasaba a nuestra pequeña? ¿El duro futuro al que se enfrentan sus padres y familiares? Quién sabe si es debido a los 30 años de guerra, muerte y destrucción que se vivieron en Angola, o si es la consecuencia de la fe inculcada por la religión foránea y socializadora, o si, simplemente, debido a la falta de alternativa y de escapatoria de esta realidad, pero la verdad es que estas gentes asumen de una forma mucho más entera y menos apocalíptica de lo hacen nuestras sociedades más al norte.
No sé, vamos ver mañana. Por lo pronto, a lo largo de toda esta noche el óbito continúa allí, en el patio de la casa, alrededor de un gran fuego, de un plato de comida y de una bebida y al sonido de los cantos de las mujeres. Aun a pesar del frío de la noche, creo que continúa siendo un ambiente mucho más cálido y acogedor que los fríos y asfixiantes tanatorios que he conocido hasta ahora. Quizás deberíamos cambiar de nuevo las vitrinas de cristal del tanatorio por la cama del desaparecid@, quizás deberíamos volver a la vieja usanza, a un pasado, por otra parte, no muy lejano.