El Príncipe del CacaoEl JuicioFeliz Día de los EnajenadosViajes con AdrianoMals sense curaAristóteles en la PlayaEl MétodoCarta desesperada de un logista"Confusão"JuguemosDura vida… Pura vidaVivir, beber y morir...en BARCELONACharlie Bravo Móvil 2, aquí Lima GolfEsas pequeñas cosas que nos hacen felices...Pájaros en la cabeza (1ª Parte): San cooperante : PANTA REI

14 marzo 2008

El Príncipe del Cacao

Olores a fruta fresca despiertan de nuevo el sentido aletargado durante algún tiempo. Los olores metálicos acantonados en mi cabeza pierden la batalla frente a la avalancha de una brisa que los arrolla y que penetra limpiándolo todo, purificando el cuerpo y el alma.

El trópico te atrapa nada más poner un pie en esas islas con picos de 1.800 metros. La humedad tropical te ensarta como si una brocheta de frutas fuera. Te envuelve y te penetra su aire pesado, ese aire que te agobia desde el primer momento por la imposibilidad de distinguir los cientos de olores que se entremezclan en él y que se lanzan hacia ti en continuas oleadas de brisa renovadora.

São Tomé y Príncipe es bálsamo de vida, semilla fértil explotada por la metrópoli sedienta de verdes, plateados y azules; São Tomé es remanso de paz y retiro para la tranquilidad; São Tomé es vientre de tortugas marinas; São Tomé es alegría ecuatorial, sonrisa oceánica y gentileza isleña; São Tomé es Kizomba –sí, también- y tierra de acogida de refugiados de antiguas guerras.

Uno no se puede descuidar ni por un momento en un lugar como éste: de no estar atento le podría llegar a germinar en la cabeza una bananera. De no prestar atención, a la bananera se le podría sumar una pequeña plantación de cacao en el bolsillo trasero del pantalón. A los más despistados hasta un bosque de papaya en las comisuras de los dedos del pie. Al intentar esquivar un coco, algún que otro infeliz podría pisar por accidente un nido de piñas y perder el pie, una vez inmovilizado por el peso de centenares de estas frutas arrastrándose tras de sí.

Sin embargo y a pesar de todo, en esta isla donde el hambre se mata robándole al árbol su retoño y pidiéndole prestado al mar unos cuantos rojos y otros tantos plateados para la cena el equilibrio es una línea tan fina como la del ecuador que parte en dos estos parajes. En la fragilidad de su ecosistema reside su mayor reto. Autosostenibilidad, le llaman en el lenguaje moderno. Bandera de la legión de ONG y organismos internacionales afincados en esta república sin rey pero con príncipe. Ecología y sostenibilidad es toda la herencia del joven príncipe del cacao.

El fin justifica los medios dijo un antiguo príncipe. Para nuestro príncipe del cacao los medios para conservar su reino escapan de su mano. Su cacao dejó hace mucho tiempo de pertenecerle. Ahora sólo puede defender sus dominios a golpe de agroecología y chocolate para turistas. El resto hay que rezárselo a los santos, pero para ello ya está el amigo Tomé. Así pues, encomendémonos a los Santos y a los Príncipes para poder volver alguna vez al corazón del ecuador y encontrarlo tal y como lo dejamos.
leer más...

29 febrero 2008

El Juicio



Y llegó la maldita polución, el calor inmundo, el aire irrespirable, el tráfico infernal, los eternos "engarrafamentos", el ruido metálico de motor, la pobreza agria, la desigualdad ofensiva y los precios exorbitantes y abusivos. Finalmente llegó Luanda, y se metió en cada poro de mi piel, en cada alvéolo de mis pulmones, se acantonó allí, al fondo de mis trompas de Eustaquio, en los descosidos de mis bolsillos, me pasó por encima como un tren de carga, como un petrolero lleno hasta los topes arrasando mi pequeña Zodiac a remos.

El juicio pendía sobre mí desde hacía una semana. La pena: dos semanas en la capital para sustituir al Coordinador Logístico que iba de vacaciones.

Cómo se declara el acusado? Inocente, Su Señoría. De acuerdo. El juicio queda visto para sentencia. Diez minutos interminables esperando el dictamen del Supremo. Finalmente, el aterrador momento. Levántese el acusado para oír el veredicto. Se encuentra al acusado... ¡culpable de los cargos!! No ha lugar para fianzas, no hay derecho a redención, el reo debe cumplir la pena íntegramente, dos semanas de trabajos forzados en la prisión de asfalto y hormigón de Luanda. Un gritó salió del fondo de mis entrañas y atravesó los ventanales abiertos del Juzgado de instancia No. 12 de Lubango rompiendo las lunetas de cuatro coches patrulla que se encontraban aparcados al frente.

Así, me dispuse a pasar mi condena lo mejor posible. Parecía que iba a salirme con la mía: concierto el viernes noche, playita el sábado y descanso el domingo. El reo se las prometía muy felices, hasta la tarde del domingo. Ahí la prisión me castigó con la peor de sus tretas: sus hordas de virus. Unas fiebres sutiles como aperitivo para acabar la semana y una faringitis de caballo para comenzar la siguiente. En la prisión inmunda si uno se debilita está perdido, el resto de presos se le tiran encima como perros rabiosos en busca de carnaza. Bastó un virus para quitarme el sueño durante cinco días, un virus para quitarme el hambre durante una semana, un virus para juntarlos a todos, un virus para dominarlos a todos. Bastó un sólo virus espía para abrirle paso a las hordas asesinas que sembraron alguna que otra enfermedad más a su paso. Seis meses de imbatibilidad cayeron estrepitosamente como la estatua de Saddam a la llegada de los yanquis a Bagdad, como Gulliver tropezando con las ridículas cuerdas tendidas por aquellos diminutos seres. La inmunidad que las comidas de Tío Jamba nos habían dado dejó paso a la carcoma de la bazofia del rancho de la prisión. Esa carcoma que debilitaba aun más mi cuerpo: sopas, papillas y purés, todo licuado para poder sortear las barricadas montadas a lo largo y ancho de mi garganta.

Finalmente conseguí acortar mi condena en tres días. Tuve que coger el Expresso de medianoche, me subí y no miré atrás hasta ya estar de vuelta en mi querida Lubango. Tres Kg. menos, cuatro días más de reposo absoluto y un cuerpo debilitado ha sido el saldo final de mi presidio.

Afortunadamente, mañana vuelo de nuevo, lejos, muy lejos. Una semana de vacaciones en São Tomé y Príncipe, una semana de caipirinhas, playa, agua caliente y luz todo el día. Una semana para recuperar al cuerpo y remendar el alma. Sólo un día en Luanda, sólo un día de paso por la ciudad inmunda dirección al paraíso. Más vale recuperar rápido, a mi vuelta me espera otra dura batalla. Me mudo de ciudad, dejo mi querida Lubango para trasladarme a Huambo, la antigua línea de frente durante la guerra. Nueva casa, nueva vida, nuevos retos.
leer más...

14 febrero 2008

Feliz Día de los Enajenados






Una de Cal...








Y una de arena...



A veces escribo cartas para no sentirme atado,
para no aferrarme a remilgos que yo quisiera abolidos
de mi vida. De mi vida.
Y pinto de colores los sobres. En el remite soy un enigma.
Espero siempre una respuesta para sentrime querido
como los niños chicos. Como los niños chicos.
Mensajes que llegaran, papeles envolviendo una piedra.
Mensajes de cariño que rompìeran el cristal de mi cuarto.
Quién pudiese ingerir un fármaco precioso...,
Convertir en realidad todos esos sueños.
Cartas que me dijesen cosas bonitas
como que vendrás a maullarme de contraseña en la madrugada
bajo mi ventana. Bajo mi ventana.
Que corriéramos campo a través, a la luz de los fulgores del alba.
Chispas blancas sobre el rojo violento. Y que hiciésemos cabañas
en los árboles. En los árboles.
Mensajes que llegaran, papeles envolviendo una piedra.
Mensajes de cariño que rompieran el cristal de mi cuarto.
Quién pudiese ingerir un fármaco precioso...
Convertir en realidad todos esos sueños.


El Último de la Fila


Inigualable Quimi; impresionante García. Enajenación transitoria ochentera, catarsi monumental.
leer más...

30 enero 2008

Viajes con Adriano

M. Yourcenar escribe:
Una de las mejores formas de recrear el pensamiento de un hombre: reconstruir su biblioteca.

El gran periodista R. Kapuscinski solía viajar con su ejemplar de la Historia de Heródoto, el primer gran historiador clásico -por supuesto, griego- debajo del brazo.

Yo por mi parte, presa de la admiración por este gran personaje, empecé uno de mis viajes al África con mi ejemplar de Viajes con Heródoto en mi maleta, la última obra publicada del propio Kapuscinski antes de morir.

Me gustaba la idea que nos proponía K. de poder transportarse a la antigua Grecia en medio del estallido de la guerra de independencia en Kenia. Me atraía la posibilidad de poder formar parte de la avanzadilla griega enviada a la conquista de los territorios persas mientras se producía la revolución iraní de Jomeini tras la caída del Sha, dos milenios y medio después. Me fascinaba la predisposición de K. para partir en cualquier momento hacia un viaje de dos mil quinientos años de la mano de Heródoto. Quedaba perplejo ante la facilidad de abstraerse de un entorno amenazante y asfixiante en plena Somalia para asistir a la batalla de las Termópilas, o a la toma de Atenas por el ejército de Jerjes.

Con Viajes con Heródoto K. superponía realidades y tiempos no tan diferentes entre sí, ni tan alejados.

Ambos son verdaderos libros de viajes, con personajes y viajeros de verdad. Porque viajar no sólo significa ir de un sitio al otro. Viajar se trata de investigar, de intentar aprehender la cultura, vivirla, de frustrase por la imposibilidad de saltar el muro de la incomprensión y de la incomunicación, darse de cabeza contra él hasta resquebrajarlo, desesperarse al darse cuenta de que uno sólo habla con sombras, de que la realidad aun queda muy lejos de donde nos encontramos –justo a nuestra espalda-, de que se necesita toda una vida para poder comprender al otro. Viajar se trata de ser consciente de nuestras limitaciones a la vez que de nuestras semejanzas con el otro.

Porque los libros de viajes no son esa mierda de despojos de 400 páginas paridos como churros a lo Javier Reverte y sus sueños de África. Viajeros y libros de viajes hay de muchos tipos, pero Heródoto y Kapuscinski eran tan parecidos como auténticos.

Sin ser consciente de ello, yo tuve mi propio Heródoto desde hace once años. Ahora que me paro a pensarlo con detenimiento me doy cuenta de que esa inquietud por lo desconocido que dormitaba en mí nació por aquel entonces y sobrevivió enterrada durante diez años. Iba yo a segundo de bachillerato cuando en la clase de filosofía Juanjo nos obligaba a pasear durante una hora a la semana por las salas del palacio imperial en Roma; nos invitaba a conocer la Alejandría egipcia, a unirnos a las largas y duras campañas militares contra los bárbaros allá en las provincias limítrofes del imperio; nos empujaba a dialogar con los tribunos, a asistir a las interminables sesiones del Senado y a enviar órdenes de suicidio a senadores sediciosos.

Memorias de Adriano de M. Yourcenar es el resumen de la vida de un gran hombre que antes que nada tuvo que convertirse en viajero para poder legar un imperio tal y como lo había concebido durante sus largas noches consagradas al insomnio. Como Adriano le escribía a su futuro sucesor Marco Aurelio “a lo largo de veinte años de poder, pasé doce sin domicilio fijo”. A través de Adriano, y tras tres intensas lecturas en estos últimos diez años –además de aquella primera que se alargó durante todo un curso escolar- he podido construir una imagen del viajero que querría ser, pero al que por desgracia intuyo nunca lograré parecerme. Tal y como Adriano le explicaba a Marco:

Pocos hombres aman durante mucho tiempo los viajes, esa ruptura perpetua de los hábitos, esa continua conmoción de todos los prejuicios. Pero yo tendía a no tener ningún prejuicio y el mínimo de hábitos.

Y es que es muy duro vivir sin las largas sesiones de Play Station purgantes para el alma, o sin la última copa en el Kentucky, incluso sin el insuflo de amistad de una noche de jueves en la Bauma, y no digamos ya sin los paseos en bicicleta de madrugada, volviendo a casa por la Gran Vía con el aire fresquito acariciando mi rostro algo castigado por unas copas de más. Qué decir de esos paseos dominicales en bicicleta con mi roomie hasta casi Mataró, dibujando el perfil del antiguo camino de ronda romano; o la clara y las olivitas antes de la comida del sábado; unos boquerones en vinagre; un solomillo de pato con medallones de foie...

Que nadie se engañe, que el emperador dormía entre sábanas de seda y su amado Antínoo le preparaba un baño de agua caliente cada noche aun estando en plena campaña militar en Palestina. Y es que precisamente por eso el gran Adriano es mi Heródoto. Los estados del alma hay que inducirlos a cada momento y en ello nuestros héroes juegan un papel crucial. Yo ya elegí al mío: tan equilibrado y coherente como desequilibrado y contradictorio pueda ser yo.

Aquel vetusto y desgajado ejemplar traducido por Julio Cortázar que había sido leído ya cuatro años antes por mi hermana mayor y que luego heredé yo por aquello de economizar, se coló en mi maleta para acabar ganándose el derecho inalienable y perpetuo a seguirme por dondequiera que vaya, si es que finalmente acabo yendo a algún sitio.
leer más...

24 enero 2008

Mals sense cura



Insonmi, diarrea.

El vent que m’arrenca les pintures,
la calor
i les hores d’avorriment mortal.

I de sobte,

com un llamp,

una imatge,

una olor,

un no res recorre el meu cos,

procurant-me una felicitat absoluta mai coneguda,

durant un instant.


És el mal d’Africa


Miquel Barceló
Segu, Mali
6.XI.94

leer más...

02 enero 2008

Aristóteles en la Playa



La cosa va así, nada de exquisiteces, simples matices que envuelven la fórmula mágica para unas navidades lejos de casa. Nada de pretensiones, un sencillo “vamos a probar qué tal así”. Cosas corrientes, nada de experimentos, lógica aristotélica pura: premisa mayor, premisa menor y conclusión.

Veamos: en navidad siempre hay colas; en Angola hay navidad; luego, en Angola TAMBIÉN hay colas. Ahora el matiz, cambiemos las colas en el Corte Inglés, en el Zara o en Miss Sixty por las colas en la plaza de Txioco en busca de un buen pantalón importado de alguno de los mejores rastros del planeta – el parisino, el madrileño o el de Milán-, que es navidad y hay que ser generoso. Busquemos una espaciosa nevera para la familia; vale, sí, quizás parezca una nevera aunque bien sabemos que acabará por convertirse en un armario. Porque una nevera necesita luz para funcionar, o no? Y cómo hacerla funcionar con un generador de juguete que no aguanta más de 4 Kw? Neveras de bajo consumo? Não vale a peeeeeeena sobrinho.

Segundo silogismo. Si levantas una piedra aparecen 100 chinos; en Angola hay muchas piedras; luego, en Angola hay más de un millón de chinos. Cuestión de aritmética, oye. Vete de compras navideñas, pasea, y justo en el centro del pueblo se alzan los grandes bazares africanos, los receptores de las finas y preciadas mercancías traídas de los confines del mundo a través de las rutas comerciales abiertas por los primeros aventureros siglos atrás. Es justo ahí donde se topa uno con los tres grandes almacenes chinos. Si alguien creía que había algo más cutre y barato que el Behrska (o como rayos se escriba) es que no se pasó nunca por uno de estos almacenes. Si alguien pensó alguna vez que los “Todo a 1€” eran la vanguardia de una élite comercial desconocida, es que nada sabe de este despertar asiático. Sed felices en Inditex-land que yo os espero en el limbo del usar y tirar. Pues nada, a comprar el regalito de turno para el “amigo invisible” y fuera, que esto es una locura.

Bien, sigamos con una buena cena de noche buena en petit comité. Cinco litros de sangría para recordar días de playa en la Costa Brava, mucha Quilmes y todo regado con un raudal de melancolía. Visión borrosa a las cuatro de la mañana y la sensación de que yendo vestido Santa Claus de rojo y blanco le resaltaría mucho más el atuendo con una tez negra. Que ese rostro pálido y enfermizo y esos rosados mofletes no son buen ejemplo para las generaciones venideras.

Ahí va otro. En un desierto fácil es perderse; en Angola hay mucho desierto; pues coño, vamos a perdernos a una playa desierta para fin de año!! Ahora, un contra-silogismo: si algo tiene que ir mal, no lo dudes, irá mal; en Angola casi todo va bastante mal –por no decir que todo va como el culo-; luego, en Angola si algo te tiene que ir mal te irá aun peor. Y claro, arréglatelas para empujar un coche estropeado a 40 Kms desierto adentro. Remólcalo y bájate a empujar cada diez metros para desenterrarlo de la arena. Ahora ves y te rezas dos Padres Nuestros para dar gracias a San Agostinho Neto por no haberse estropeado cien Kms más adelante, en plena playa, con una muralla de dunas a un lado y con la marea subiendo y acechando al otro cada vez que las ruedas se hunden en la arena escurridiza. Sacrifica un buen pescado a la parrilla en honor a Neptuno y agradece que no haya tenido que contener el embiste de sus olas. Buen trabajo se ha ahorrado el barbudo, pero tú sacrifica igual el pescadito que te lo has ganado después de tanto empujar.

De potenciales balseros a coche patera. Carga los 100 Kgs de agua y los 200 litros de cerveza en un sólo coche y metes a ocho personas en una Land Cruiser para buscar una playita donde comer las uvas. Únete a 200 campamentos a orillas del mar y baila al son de la Kizomba, del barullo de los generadores y a la luz de los fuegos artificiales. Y es que, si tienen parabólica en la tienda de campaña, acaso os creéis que no tienen cohetes y petarditos?

Silogismo final. En Angola la gente no come las doce uvas para fin de año; la cerveza no está hecha con uvas; en Angola la gente bebe doce cervezas para dar la bienvenida al nuevo año. Bueno, eso no es exactamente un silogismo, pero es que por algo aun hoy, día dos de enero, todo sigue cerrado y no hay Dios que trabaje. Eeeeee Assiiiiiiim meeeeeesmo sobrinho.


PD: disculpas a todos aquellos que esperaban recibir un mail con contenido emotivo durante estas fechas o que esperaban una llamada que nunca llegó. Espero entendáis que me haya perdido durante estas navidades justo para eso, para volver a encontraros ya con los deseos para el 2008 lanzados al aire y dispuesto a cazarlos todos, tan raudo y veloz como en 2007.
leer más...

18 diciembre 2007

El Método


Cinco meses, ahora sí, ya preparado para entender una de cada diez cosas de este país, uno de cada mil pensamientos de esta gente, uno de cada diez mil “éeeeeee assssssim meeeeeeeeeeesmo, sobrinho”, uno de cada cien mil “infelizmente, parece mentira mais é verdade”.

Hablemos de Angola, hablemos de afrocomunismo, de diamantes y de petróleo, de chacales despedazando a la presa, de ladrones de guante negro y de invasores de guante blanco, tan blanco como el fungi que alimenta a sus gentes; bailemos al son de la kizomba, la semba, la tarrazinha y el kuduro; hablemos de traición, infidelidades y poligamia; hablemos de los hijos bastardos; salgamos a curtir esta noche y aprendamos algo de gíria; fumemos liamba bebiendo unas vitolas y dejémonos deleitar por esa menina gostosa; admiremos los robustos embondeiros mientras bajamos Sierra de Leva hasta Praia Lucira; bañémonos en las aguas calientes de la mutipa y regresemos a casa para jantar y meternos en la cama antes de que desconecten el generador, contentos, pero aun desconcertados por lo mucho que nos falta por perceber.

Las arrugas de un rostro curtido explican más que cien libros de historia. La mirada clavada en tu cara de pula te desnuda en el acto. Pregunta, escucha, intenta entender y, sobre todo, sonríe, ríe, explota en carcajada tan pronto como vislumbres un indicio de incomprensión en su rostro. Ese es el mejor final para toda conversa.

– Tudo bem tio Jamba?.
– Obrigado. Tudo Bem. E o chefe Ruben?
– Tudo bem. Obrigado. Booo, então, bom trabalho. Até mais logo.

Portuñol del malo a cambio de clases de Umbundu para iniciados. Intercambio diario al calor de los fogones. Escucha y aprende, no en vano 63 años, doce hijos, a saber cuántos nietos, 40 años cocinando, primero para los “amos” portugueses: plas! ostión al canto, así aprenderás a hacer la sopa como me gusta, pero qué mal está el servicio, a dónde vamos a ir a parar oye; después doce más para los cruzados humanitarios, cuidando a unos debiluchos de las diarreas y la malaria, buena dieta contra las hordas de bacterias. Resultado: tortilla de patata, pasta al dente, canelones de la abuela y pollo al curry. Sólo la paella falta, pero tiempo al tiempo, que aquí no hay jubilación, ni viajes del INSERSO a Benidorm en febrero, ni fondos de pensión que cotizan en Yenes. Eso sí, quizás esta noche, o mañana, intente aumentar la familia. A falta de televisión... buenas son las familias numerosas.

Escucha, aprende, intenta entender.
Sonríe, ríe, explota en carcajada si hace falta,
pero vuelve a la carga más tarde.

No hay otro método.
leer más...

06 diciembre 2007

Carta desesperada de un logista


Lubango, 3 de diciembre de 2007


Queridos Vicente, Gabriel y Nadia,

Desde tierras lubanguesas os transmito una breve pero importante información que espero toméis en consideración, si más no, en nombre de los valores humanitarios que mueven vuestra acción… y más que nada para no tener que recordaros el código ético que firmasteis en su día.

Sólo quiero que sepáis que durante vuestro periplo alrededor de Huíla, y ahora en dirección a Chipindo, os acompaña alguien muy especial para mí. Nada tendría de especial si no fuera por el estado de desolación y soledad en el que ha quedado sumida mi vida tras su marcha, una marcha, por otro lado, muy meditada a la luz de la luna durante inolvidables noches de conversa y conocimiento mutuo.

Sólo os pediría un favor que no dudo me concederéis. De entrada, quiero que no la juzguéis por su aspecto. Sé de buen grado la apariencia de dejadez, suciedad y maltrato que a simple vista se le puede detectar. No obstante -y eso no se lo expliquéis a ella, por favor os lo pido-, quiero que sepáis que ha tenido una vida muy dura y para nada fácil, una vida que otras muchas como ella no habrían soportado ni siquiera una milésima parte. Ella supo sobrevivir y reponerse a los golpes que la vida te suele dar en estas latitudes.

La vida en Angola no es fácil, como ya sabéis, y menos en el mato. Lo último que querría es que la hicierais sentir culpable por haber yacido en tantos lechos, por haber pasado por tantas manos, por haber colmado los deseos más oscuros de tantos y tantos desconocidos. Ni de lejos fue culpa suya sino del simple y trivial hecho que cada uno de nosotros estamos condicionados por nuestra procedencia social, si bien no determinados. Ella nació en el seno de una familia muy dada a la criminal e inhumana tradición de vender a sus hijas al mejor postor. Cuando su dueño moría o simplemente se iba con otra más joven y más moderna, su familia la vendía a otro nuevo maltratador. Esa ha sido su historia y seguirá siendo su sino.

Sólo os digo que su marcha no fue fácil para ninguno de los dos; para a ella por tener que abandonar la seguridad que habíamos conseguido construir entre los dos en tan poco tiempo; para mí porque es la niña de mis ojos, la pequeña que he estado mimando y cuidando y de la que he estado reparando su maltrecho corazón con todo mi ahínco -poniendo todo el amor que aun me quedaba en la recámara, para restaurar su virginidad y hacer relucir de nuevo sus ojitos negros- cual Gepetto con su Pinocho de plástico, que no de madera.

Para acabar, recalcar sus dotes y cualidades inigualables que, una vez más os recuerdo, no se corresponden ni de lejos con el deplorable aspecto que presenta. Por todo ello, espero que cuidéis de mi pequeña computadora IBM modelo Think Pad –ahora del proyecto PEARSA Chipindo-, de mi “Negrita”, como la solía llamar yo en la intimidad, tal y como ella se merece. Sólo tenéis que pedirle con educación y paciencia todo lo que queráis y ella os dará todo lo mejor de sí. Os lo prometo.

Recibid un cálido abrazo desde Lubango,

Firmado: el Gepetto de Lubango
leer más...

01 noviembre 2007

"Confusão"

Uno, dos, tres...trece, catorce y quince!! Quince!!! Quince petroleros anclados en la bahía de Luanda, quince monstruos sedientos del néctar negruzco y viscoso esperando su turno para chupar de la teta hasta agrietarla.

Dando vueltas en círculo el avión pierde altura sobre Luanda.

Tres meses después vuelvo a posar mi mirada sobre este rompecabezas. Nunca un rompecabezas fue tan difícil de acabar. Cientos, miles, cientos de miles de piezas esparcidas por el suelo. La confusão se ha apoderado del orden, lo ha reducido hasta inmovilizarlo, anularlo, hasta instaurar su cruel -y dulce- reinado. Miles de chapas de zinc delatan vida allá abajo. Combinaciones imposibles se repiten en cientos de Kms. a la redonda. Unas casas se arremolinan junto a las otras, las absorben, las empujan, se cuelan unas dentro de otras, se apartan para abrirse paso, se atropellan, luchan por un mínimo de espacio vital. Aun no se han dado cuenta que el océano las espera ahí abajo. Los acantilados son el único límite a esta confusão, aunque si uno se fija bien puede darse cuenta de que éstos dejaron de serlo hace mucho, de que debieron de ser aterradores anos atrás, justo antes de que montanas de escombros y basura crearan una pendiente que se extiende hasta casi tocar el agua, amortiguando cualquier caída, descenso o intento de suicidio.

Y entre todas esas piezas de rompecabeza, arterias imaginarias sirven para transportar el poco oxígeno que queda en la ciudad. Imaginarias porque no existen límites, sólo un torrente de tierra roja que choca una y otra vez con los precarios muros de las casas que se empenan en encauzarlo, aunque sólo sea por un instante. Nada es permanente en Luanda. Cientos de candongueiros azules transportan el oxígeno de un lado a otro mientras, paradójicamente, liberan en el aire toneladas de dióxido de carbono. Casi sin parar, los candongueiros escupen a la gente y engullen más para proseguir su alocado camino. Ya desde el cielo uno puede presentir el aire plomizo de la capital, la locura del tráfico, el ambiente enganchoso que ralentiza tus movimientos, que te obliga a bajar el ritmo, simplemente, para no asfixiarte.

Luanda es confusão, pero afortunadamente sólo voy a permanecer aquí un día y poco. Manana recuento de petroleros desde el avión a Windhoek, Namibia. De ahí, casi tres mil Kms. en coche -y valga decirlo, por la derecha- cruzando a Bostwana y luego a Zambia, hasta las Cataratas Victoria cruzando el delta del Okavango. Diez días para aparcar la confusão.

Dejo atrás esta cueva de la oficina de logística y este monumento tan feo al fundador de la patria, Agostinho Neto, con inconfundibles tintes afrocomunistas. El aire fresco me espera ahí fuera...
leer más...

04 octubre 2007

Juguemos


Juguemos a imaginar.

Imaginemos que jugamos a ser algo que en realidad no somos.

Imaginemos un país desangrado por treinta años de guerra.

Imaginemos a los niños jugando a imaginar que son soldados, de bandos opuestos, con AK-46 de madera, granadas de granito y minas antitanque de hojalata.

Ahora imaginemos que jugamos a ser cooperantes en la tierra prometida. Imaginemos al rey negro gobernando con el cetro de diamantes, a golpe de expolio, sentado en su trono de oro negro, tan negro como él.

Juguemos a espiar al bufón de la corte. Imaginémoslo ejecutando un número de malabares de máxima dificultad que él mismo ha bautizado con el nombre de “el expatriadito”. En una mano una bola en la que se puede leer escrito a lápiz “Ayuda Oficial al Desarrollo”, en la otra mil quinientos beneficiarios apretujados en un puño. La dificultad aumenta cuando al pasarse una pelota de una mano a la otra lanza al aire una tercera, una de oro negro y macizo.

Imaginemos que el malabar es hábil, que el movimiento de manos es rápido y limpio, coordinado y acompasado. Entonces, el número luce, embelesa al gentío, adormece conciencias. Sin embargo, y a pesar de su destreza, la magia dura poco, la bola de oro pesa demasiado, desequilibra la mano izquierda del bufón y se van al traste beneficiarios, AOD y bufón incluido.

Por último, imaginemos a una corte que rodeando al bufón lo mira absorta. Allí se puede distinguir entre la multitud agolpada a los voluntarios, a los religiosos, a los iluminados, a los profesionales, a los perdidos, a los mercenarios, a los temporales, a los indefinidos, a los recién llegados, a los más experimentados, a los que resisten, a los que desisten, a los mejor equipados, a los desamparados, a los Boy Scout, pero de entre todos ellos –y uno no ha de esforzarse mucho para verlos- destacan los más peligrosos, los que más chillan, los que más ruido hacen, los que más alborotan, aquellos que sólo aplauden para que los demás vean que están allí, los que buscan la palmadita en la espalda, los que buscan entrar en el santoral, los se creen más fuertes y más nobles que los demás: son los que juegan a ser cooperantes disfrazados de aventureros. Esos son los más peligrosos, son los ratones que se comen el queso cuando la luz de la nevera se apaga y la puerta se cierra. Los roedores que salen de su madriguera con nocturnidad y se creen muy valientes, pero que gozan de lo robado ya de vuelta, ya en la seguridad de su agujero, ya sanos y salvos.

El juego de la espiritualidad, ese, se juega con otro tablero y otras fichas, sin bufón, sin rey negro y sin público. En ese juego el roedor puede que gane alguna de las partidas, pero en éste, al que aquí y ahora jugamos, el ratón es simplemente eso, un mal jugador disfrazado de aventurero.
leer más...

28 septiembre 2007

Dura vida… Pura vida

Martín solía jugar a desdoblar su personalidad y a que una de ellas se colase subrepticiamente en lo más profundo de su ser para sorprender a su otro yo, a él mismo, pensando: pero cómo eres tan altruista y valiente, dejas todo lo conocido para lanzarte a la aventura africana durante, nada más y nada menos, tres años, dejas atrás a todo tu entorno, tu vida cómoda y fácil de occidental para abocarte a la permanente incertidumbre y, encima, todo ello por un objetivo filantrópico y de amor al prójimo. Martín, le repetía su propio yo una y otra vez, no te reconozco, en serio, quedémonos aquí, permanezcamos al lado de los nuestros, olvidemos las aspiraciones universales, olvidémonos de la búsqueda del absoluto, del sentimiento humanista conferido por el servilismo hacia un objetivo superior, de querer dejar nuestra huella en este mundo, pasemos de puntillas por él, sin heroísmos, dejémonos llevar por el individualismo subyugante de nuestra sociedad que, al fin y al cabo, es lo único que siempre hemos conocido, nadie podrá culparnos por ello, abandonémonos al envilecimiento de los placeres que nos proporciona una ciudad como ésta, unámonos a los epicúreos cosmopolitas, a los hedonistas nocturnos, hagamos uso de la ciudad hasta marchitarla, no estamos obligados a más, no lo necesitamos, nadie puede reclamarnos que hagamos más, dejémoslo correr, hazme caso, vivamos la pura vida.

A veces Martín se sorprendía a él mismo recordando con satisfacción los golpecitos en la espalda que recibía de todos aquellos de los que se despidió antes de su viaje iniciático. Iba sintiendo las palmaditas cargadas de cariño, pero también de admiración y de ánimos. Agradecido se retiraba a su cuartucho de alquiler en el barrio de Sants, cual púgil antes de subir al cuadrilátero. Se mentalizaba sobre lo que se iba a encontrar en unos días, ya no había marcha atrás, había perdido su propia batalla.

Ya Martín empezó a sospechar algo tan pronto como posó sus pies en la tierra rojiza de la capital de aquel país africano. Algo fallaba, pues nada más aterrizar recibió una certera bofetada de los epicúreos exiliados allende las fronteras: baile, alcohol, comida en abundancia… empezaba a desconfiar de aquella gente. Y si su otro yo tenía realmente razón? Y si debería de haberse dejado a las comodidades y placeres de la vida de siempre? Las condiciones necesarias para la ascensión al reino de los mártires, para la sublimación de su alma altruista, para erigirse en un filántropo asceta digno de admiración, ninguna de ellas, se estaban dando, más bien al contrario.

Por aquel entonces Martín empezó a dudar muy seriamente del misticismo que debía rodear a aquel viaje cuando, de repente y sin esperarlo, empeoró aun más la situación al verla por primera vez. Las pulsiones más primarias arrinconaron a sus aspiraciones contemplativas en un instante. La cosa se agravó aun más cuando apareció M. Ya la cosa se empezaba a poner realmente fea, sus pulsiones se arremolinaban y cegaban su entendimiento. Fue después de ampliar su agenda social, de incluir en sus rondas nocturnas cada vez más bares, de disfrutar de barbacoas a orillas del Atlántico, después de cálidas veladas bañadas en cerveza y vino, de jadeos a media noche, de mañanas de domingo con sábanas pegadas hasta bien entrado el mediodía, de la televisión por satélite con más de sesenta canales, de los computadores portátiles de última generación, de los reproductores de música digitales, de los sábados de piscina en el Lodge Casper, de represión de impulsos con una y salvajismo en la liberación en la otra, de noches de grass y risas… cuando empezó a darse realmente por vencido. No se podía luchar contra el poder de Epicuro, ni siquiera en las profundidades de aquel país africano.

Martín había imaginado un viaje a la búsqueda de su propio Señor Kurtz y, por el contrario, se había topado con el Ignatius Railly más devastador.

Fue pensando en todo aquello que Martín soltó una sonora carcajada. Justo después se abandonó a la dura vida de aquellas latitudes.
leer más...

22 septiembre 2007

Vivir, beber y morir...en BARCELONA

EEEEEEEp, Felices Fiestas de la Mercé a todos y todas!!!!

Y felicidades para ti mama, por tu santo!!!

Espero que os estéis emborrachando a mi salud, y que no os perdáis ningún concierto. Con un poco de suerte os lloverá como cada ano y dos de cada tres conciertos se suspenderán, pero ahí confío en vuestra experiencia y capacidad de reacción para superar ese mal trago, el que, como ya sabéis, se quita con un par de tragos más, de birra del paqui.

Y hablando de paquis, se les echa de menos aquí en Angola. Creo que en Barcelona deberían declararlos patrimonio de la ciudad. Ya no se pueden entender el Rabal ni las Fiestas de la Mercé sin sus paquis vendiendo Estrealla Damm o, en su defecto, Birra del Lidl.

Por cierto, sois todos una colla de rancios, nadie se ha dignado a enviarme el programa de este ano. Es que a nadie se le ha ocurrido pensar que quizás quisiera ir al Piromusical, eh, eh? En fin, qué se puede esperar de una población beoda y sedienta de fiestas populares.

Salut a tots i a totes companys!!! Y mucha agua para la resaca.

Para un acceso de melancolía lo mejor una fotito de las Rabal's evenings a lomos de mi pequena de dos ruedas.
leer más...

13 septiembre 2007

Charlie Bravo Móvil 2, aquí Lima Golf

…sonaba una y otra vez en la radio del Land Cruiser. Era domingo y me había levantado contento, más cerca de Brasil y de Porto Alegre que de Angola. Costó poner los pies en el suelo, pero para mí la semana empezaba ya. Me esperaban cuatro intensos días en Chicomba, tocaba impartir el curso de conducción para los motoristas de todas las bases. De camino a Chicomba, primer contratiempo, vuelta a Lubango para recoger a la administradora que volvía para Luanda y se había quedado tirada con la pick-up dirección al aeropuerto. Empezábamos bien el día. Las diez y el trabajo se acumulaba. Reorganización de los vehículos y reajuste del plan de movimientos del día. Una vez seguro de que Carmen estaba en la sala de embarque sana y salva, vuelta al coche y para Chicomba. Cuatro horas de viaje con Joaquim, Teodoro y Eugenio, los motoristas de Lima Golf.
-Charlie Bravo Móvil 2, Lima Golf, me recibe?
-Lima Golf, Charlie Bravo Móvil 2. Te recibo 5x5, 5x5. Estamos llegando al punto 15. Confirma copia. Cambio.
- Bem copiado, bem copiado. Punto 15, punto 15.

Tarde y noche en CB con (de izquierda a derecha) Teodoro, Joaquim, Diniz, Manel, Tío Luciano y Tío Samuel. La base es demasiado aburrida una vez la telenovela ha acabado. A las siete toca la telenovela mexicana de turno “La madrastra” –es para cagarse en lo mala que es, y es que con ese título uno no puede esperar gran cosa- y tras un breve descanso, a las nueve, la brasileña “Pasión Tropical” –bueno, ésta es un poco más pasable, pero también tiene delito-. Acaba la telenovela y al bar. Cae una cerveza detrás de otra, esta gente es una máquina de beber, pero aguanto el ritmo como un machote. Llevo un día oyendo únicamente batallitas sobre averías mecánicas, sobre comparaciones entre vehículos, sobre las hazañas de cada uno en carretera, historias de cuando consiguieron pasar por aquel agujero mientras tres 4x4 se habían quedado encallados, la descripción de cada agujero en la vía, la historia de cada curva, reparaciones… -Sí, sí Manel, es verdad, yo también creo que hay que distribuir mejor la carga para no romper el diferencial delantero de la Hard-top. Joder, a ver quién le dice que yo tengo un maldito Ford Fiesta 1600, que encima es de mi madre, que cuando me quedo tirado simplemente llamo al RACC y pago la factura del mecánico -bueno, la paga mi madre que para eso el coche es suyo- y que sólo he conducido un 4x4 cinco veces en mi vida.

El lunes, teoría sobre mantenimiento de vehículos, diferentes tipos de conducción, etc. A la noche, durante la cena, debate sobre el futuro de Angola. Por fin oigo hablar a unos angolanos de lo que realmente piensan de su país. Me parto la caja con esta gente: Teodoro el cuenta cuentos, Joaquim Don alitosis nohayquienteentiendamachoasíquehablamásdespaciojoder, Diniz el filósofo ligón, Manel el cabecilla fuerte como un baobab, Tío Luciano el bailarín y Tío Samuel el rebelde. Cada uno de ellos daría para escribir un libro: que si a uno le explotó una granada y le entró metralla, que si al otro le dispararon en la pierna, que si el camión donde viaja el uno pisó una mina, que si el coche del otro…

El martes, clase práctica de conducción. Nos vamos en busca de un río que en la época de lluvias es un mar. Ahora el agua llega hasta la mitad del coche, dentro de tres meses llegará hasta un palmo por debajo del techo del coche; será como estar en una pecera. Practicamos un poco con el 4x4, con los sistemas para desencallar los coches y vuelta a la base. Cenita y bar otra vez. Ahora doy gracias de haber tenido mi SEAT 127, mi Peugeot 309 y, por supuesto, la Derbi Vamos!! Mis horas de mecánico de pegatina han servido para confeccionar un par de historias más o menos creíbles, con la consistencia adecuada para mantener su respeto. En fin, el miércoles un poco más de trabajo con ellos y vuelta para Lima Golf hoy jueves. Cuatro días bastante curiosos. Dos meses más y seré capaz de arreglar una suspensión con una goma del pelo y un diferencial con un palillo de dientes.

Palabra nueva de la semana: careca (calvo). Sólo hay que mirar la foto… Mañana directito a comprarme un crecepelo.
leer más...

06 septiembre 2007

Esas pequeñas cosas que nos hacen felices...


Y siguiendo con mi acceso de pragmatismo, un rayo de misticismo puro, casi ascético.

Esas pequeñas cosas que nos hacen felices...

Así son ellas, tan imperceptibles, tan modestas, tan triviales, que a menudo pasan de puntillas ante nosotros sin hacer ruido, casi sin levantar polvo. Pero yo, hoy, en la lucidez de una mañana de viernes, he conseguido percibir una, aprehenderla, atraparla en mi reflexión, envolverla en un manto de agradecimiento para que sepa que ésta es su casa, que puede volver cuando quiera, que la esperaré con los brazos abiertos, ansioso de verla aparecer por la puerta.

Pues bien, esa cosita en cuestión, Ella, tan blanca e inmaculada ella, tan relucientes sus destellos que sientan como una buena sopa caliente en pleno mes de enero... pero ya está bien de echarle piropos, que de la modestia a la soberbia sólo hay un paso. Vayamos al momento justo en que apareció en mi vida. Fue justo dos días atrás, había cenado yo la noche anterior un buen plato de choricitos angoleños que Tío Jamba preparó con todo su ahínco. Para acompañar una ensalada y papas fritas, como siempre. La cuestión es que a la mañana siguiente, desayuno compuesto de tostaditas con mermelada y unas dos buenas tazas de café, tras lo cual una buena jornada de trabajo por delante.

Fue a eso de las diez de la mañana cuando el cielo –bueno, y algo más también- se abrió ante mí. Tuve que abrir la puerta a trompicones, se mascaba la tragedia y se adivinaba la debacle cuando, de pronto, un salvavidas lanzado desde un departamento de logística inmejorablemente coordinado, una bocanada de aire fresco para alguien que vuelve del presidio, como era mi caso... sólo bajar la tapa, ladear ligeramente la cabeza y levantar la mirada hacia el alto techo –o quizás hacia las más altas esferas, no estoy seguro- y zas. El nirvana. El Sweet Lullaby de Deep Forest susurrado al oído. Tan sólo calma.

Sabiéndome arropado por Ella, sintiéndome seguro de su virginidad y castidad, nada importaban los salpicones húmedos que sentía saltaban hacia mis posaderas, intentando alcanzarme justo en la entrada de mi túnel mejor defendido por mi bien hallado Bosque Encantado. El éxtasis estaba tan cerca -por fin, después de mucho tiempo, podía disponer en mi lugar de trabajo de un lugar íntimo y personal de reflexión - que casi tuve que ahogar un gemido que jugueteaba en mi garganta, ajeno al peligro al que me hubiera expuesto de haber asomado su cabeza. Hacía dos años que mi nuevo trabajo me había privado de tal derecho. Mi productividad se había visto resentida al verme abocado yo a vagar por la oficina, restaurantes y bares adyacentes en busca de un retiro a la altura de mis necesidades espirituales. Viéndome privado de un espacio en el que poder dar rienda suelta a mi tan desarrollado sentido de crítica social me había ido reconcomiendo poco a poco, y sin que yo me hubiese dado cuenta, la más insulsa pero peligrosa epidemia del aburguesamiento acrítico y acomodaticio. Mi sociopatía había disminuido proporcionalmente al aumento de mi aletargamiento. Las cosas no podían seguir así. Algo tenía que cambiar.

Desde las máximas de los filósofos presocráticos hasta el funcionalismo social weberiano, pasando por el estoicismo romano de Séneca y sus coetáneos, fui desgranando el verdadero sentido de la vida. El parapeto levantado por el ruido del generador funcionando a todo gas daba cobertura a mi Luftwaffe, que bombardeaba sin descanso las posiciones enemigas, alcanzando una y otra vez la línea de flotación de sus destructores en retaguardia. Mis efluvios eran disipados por el hedor a gasoil inyectado por la batería defensiva tierra-aire del generador enemigo, ignorante éste de que lejos de alcanzar su objetivo de atontarme utilizábalo yo como cortina de humo para lanzar mis emboscadas más salvajes contra sus hordas asesinas de bacterias y parásitos. Era feliz en el campo de batalla. Estaba ganando la guerra y cada vez era más consciente de ello, lo que aumentaba aun más el efecto placentero del sufrimiento ajeno y permitía darme el lujo de mirar con aires de superioridad a una cucaracha que trepaba por la pared, huyendo de la destrucción imperante en toda la zona. Me habían servido la victoria en bandeja de plata y no estaba dispuesto a dejar de degustar ni por un segundo su dulce sabor. Las bajas enemigas se contaban por miles, caían por doquier, no había escapatoria para ellas, tampoco derecho a rendición. Entonces di la orden cual César a sus legiones: no habrá prisioneros, no habrá armisticio, victoria o muerte.

Finalmente, tras agotar toda mi munición levantéme y dispúseme a salir victorioso hacia mi despacho, seguro de que el enemigo no podría seguirme el rastro, simplemente, porque la sección de zapadores había minado los puentes y carreteras de retaguardia. Ya nadie podría encontrar ninguna prueba inculpadora, nadie podía acusarme de crímenes de lesa humanidad. Salía impune de diez minutos de guerra, pero también de un periplo introspectivo sin precedentes, seguramente, en el seno de esta organización humanitaria. Salía mejor persona y más consciente de la realidad que me rodea de lo que en dos años había podido ser, simplemente porque la alienación del sistema capitalista es capaz de llegar hasta tamaño salvajismo, hasta tan extrema crueldad, que puede darse el lujo de podernos negar a cada uno de nosotros tan sólo dos metros cuadrados al día para el recogimiento y descubrimiento personales. Es que acaso es mucho pedir dos metros cuadrados y diez minutos para uno en una jornada de ocho horas? Es que acaso hemos perdido la poca humanidad que nos quedaba? Hacia dónde diablos vamos? Qué queda de ese humanitarismo tan aclamado por los medios de incomunicación de masas? Mucho nos queda aun por aprender en el Norte de otras sociedades –erróneamente denominadas- subdesarrolladas, como Angola. Este país tiene un futuro esperanzador, y hace dos días tuve la suerte de ser testigo directo de ello.

Quizás algunos puedan pensar que esta reflexión realizada en horas de trabajo sea una pérdida de tiempo, pero a todos esos yo les digo: cuando vayáis de puntitas al lavabo sólo cuando creáis que nadie os mira, cuando os tiemblen las piernas por no poder sentaros en la taza, cuando tengáis que apoyaros en la pared para ladear vuestras posaderas y evitar salpicaduras incómodas, cuando tengáis que apretar las nalgas para luchar contra los gritos del silencio, cuando estéis sufriendo por el ruido que hace el ambientador de spray –totalmente inútil, por otro lado-, cuando estéis temerosos de que alguien haya podido veros al entrar y sea consciente de vuestra salida cinco minutos después; cuando os ocurra todo eso, pensad en mi rostro de Mariscal victorioso, pensad en la suerte que tengo por poder trabajar en el sector humanitario, pensad entonces, y sólo entonces, en lo desgraciados que podéis llegar a ser si no valoráis esas pequeñas cosas que diariamente nos hacen tan felices. Ella fue, esa pequeña cosa.
leer más...

Pájaros en la cabeza (1ª Parte): San cooperante

El próximo día 8 de septiembre es el "día del cooperante", San Cooperante, vamos. A muchos tendrían que sacarles los pájaros de la cabeza a golpe de pragmatismo. Poco queda ya del romanticismo que envolvía antano a la figura del cooperante/humanitario. Desde Angola, al igual que desde Espana la Asociación Espanola de Cooperantes está creando debate sobre esta figura. Ahí va un artículo de Jordi Raich que habla un poco sobre el tema. Con razón en algunas cosas menos acertado en otras, pero siempre manteniendo el espíritu crítico que debe caracterizar a una forma de vida más de entre las muchas que hay, una elección personal como otra cualquiera, nada más. El romanticismo acaba donde empieza un trabajo bien hecho, el resto, eso, es la vida, tal y como podría transcurrir en cualquier otra parte del mundo. Por cierto, no me felicitéis que mi santo fue el cuatro de agosto.



A finales de abril del año anterior, el consejo de ministros fijó el 8 de septiembre como Día del Cooperante. Semejante despropósito representa la culminación del proceso de beatificación del cooperante, ese Robin Hood moderno que usa el dinero de los ricos para ayudar a los pobres, ese Quijote del siglo XXI que ha substituido los gigantes de La Mancha por guerras en África y el código de caballería por el credo solidario.
La creación del 'Día de San Cooperante' permite a la administración y a las ONG consolidar un nuevo superhéroe social, un modelo alternativo que esgrime la solidaridad para competir con los valores estrella de la narcisista sociedad occidental: belleza, fama y dinero, encarnados por otros superhéroes: top models, actores y futbolistas.
Que nadie se lleve a error. Promocionar la solidaridad y la generosidad es loable y necesario, pero establecer un Día del Cooperante para ensalzar su abnegación, recordar a los 'caídos en combate' y convertirlo en la voz de nuestra conciencia es la respuesta equivocada a la pregunta correcta. Hacer del cooperante el icono moral de nuestros días degrada la solidaridad como valor, menosprecia al ciudadano y desvía la atención de las cuestiones importantes.
El uso de la solidaridad como abrillantador de imagen no es nuevo, basta comprobar la profusión de celebridades que apadrinan niños, crean fundaciones, donan millones para construir escuelas y, por supuesto, lo proclaman a los cuatro vientos. Tampoco es novedad el aura de santidad que protege a los cooperantes, a pesar de que entre ellos hay muchos incompetentes al frente de programas de ayuda desastrosos, que sirven a las órdenes de los intereses nacionales de su gobierno, o que dirigen una ONG fantasma. Pero necesitamos creer que aún quedan ocupaciones no guiadas por los beneficios donde se afanan seres altruistas y con principios. Para no decepcionarnos, protegemos a los cooperantes con una coraza de hipocresía colectiva que les coloca más allá del bien y del mal y repele cualquier crítica en aras de 'objetivos superiores': socorrer al hambriento, dar cobijo al desamparado...
Por supuesto que hay infinidad de cooperantes que realizan una tarea extraordinaria. Pero no son unos santos, sino personas como otra cualquiera, con una ocupación como otra cualquiera. Los cooperantes no son más desprendidos ni menos egoístas, ni tienen ideales más nobles o menos mezquinos que mi quiosquero. Ser cooperante es una profesión tan honrada y tal vil como la de banquero, político o mecánico.
Que la vanidad no nos ciegue. Lo importante no es el cooperante, sino el significado de su existencia, y existe porque los gobiernos de todo el mundo fracasan una y otra vez a la hora de cumplir sus promesas de erradicar la miseria, acabar con las desigualdades o garantizar la salud. No es casual que el Día del Cooperante coincida con la Declaración del Milenio de la ONU del año 2000, un documento que definió los ocho objetivos de desarrollo, entre los que destacan reducir la pobreza extrema a la mitad y conseguir la enseñanza primaria universal para el 2015. Pero, ¿alguien recuerda que ya en 1977 la Organización Mundial de la Salud adoptó una estrategia para eliminar la pobreza, el analfabetismo y las malas condiciones sanitarias titulada "Salud para todos en el año 2000"? Sin embargo, el nuevo milenio dio labienvenida a 3.000 millones de personas (la mitad de la población mundial) viviendo con menos de 1'6 euros al día. Y, ¿alguien duda que en 2015 haremos otro alegato posponiendo nuestros objetivos al 2030?
Ante semejante panorama, no estaría de más pensar menos en lo buenos que somos y aprender la lección de nuestros fracasos. Quizás así, en lugar de colgarnos medallas, seríamos un poco más críticos y exigentes con nosotros mismos.


Otros links de interés:
leer más...