Días de fútbol19 Días y 500 Noches en AngolaLa maleta de un ExpatDe ahora en adelanteÍtacaNicaragua tan violentamente dulceLa espina clavadaNadie dijo que iba a ser fácilHasta pronto...Con sólo una palabra...Ten miedo de mayo porque no puede serBusca tu magia....DuetosNiño, siempre niño...El mito de la caverna : PANTA REI

16 agosto 2007

Días de fútbol

(Y de fondo: Poet in Process, Pista 1)

Me revuelvo en mi jaula de tela en la base de Chipindo. Me envuelve el ruido del generador y, más allá de las paredes de adobe, los cantos de los ninos llegan hasta aquí. Afuera la vida rural transcurre a la luz y al calor de las hogueras que iluminan los ojos de los rapaces. Cantan y ríen sin parar.

Un poco más allá de la base, justo en medio del pueblo, una pista de aterrizaje abre en canal a la pequena población. Antano fue la única forma de acceso a una zona aislada totalmente por las minas y las trincheras. La única comunicación con el exterior, 200 metros de tierra desbrozada sólo a medias. Hoy día únicamente la avioneta del gobernador posa su caucho en ella durante la época de lluvias. La pista está salpicada por la chatarra de algunos tanques rusos que fueron alcanzados por la artillería de los rebeldes de la UNITA. Vestigios de una época pasada aun muy presente en el imaginario colectivo de los angolenos.

Hoy es lunes. Ayer, como una típica tarde de domingo en cualquier parte del mundo, hubo partido de fútbol: Chipindo contra Kuwango. La liga regional está disputada. Se enfrentaban el primero contra el último. Tanques desvencijados a un lado y la imponente puesta de sol africana al otro. Cánticos de apoyo mezclados con la Kissomba atronadora saliendo de coches que sirven a la vez de tarima para los “chicos malos”. Vista privilegiada del terreno de juego, bar improvisado para engullir cerveza y vino de mesa en tetra-brick.

La cosa se pone fea. Los locales pierden uno a dos. Se acerca el final del partido y el colista está a punto de dar la sorpresa. Las irregularidades del terreno de juego impiden por dos veces a la delantera local marcar gol.
- Malditas piedras. Dicen unos.
- Tendríamos que fichar a Ronaldinho. Al menos corre más. Se quejan otros.

El speaker retransmite el partido en directo. Como en Campeones cuando Oliver preparaba su tiro especial con efecto, el número diez de Chipindo roza la gloria, pero, zas!, otra piedra desmonta otro ataque de los locales. Los ánimos se desinflan, pero la cerveza, el vino y la Kissomba siguen corriendo y sonando. Y entonces, a tres minutos del pitido final, zancadilla al diez de Chipindo. Penalti!!! La euforia se dispara. De repente, el público se agolpa en los límites del terreno de juego, como si de reservas que esperan el momento oportuno para saltar al campo se tratasen. Dos de los “chicos malos” bajan de su tarima motorizada para coger sitio en primera fila. Se cogen de la mano, y se miran con la emoción reflejada en sus caras. A ver quién se atreve a decirles que parecen dos palomos cojos de cojones. Piiip. El especialista decide cargar con la responsabilidad. Coge carrerilla. Su pierna de apoyo esta vez no se deja intimidar por las piedras y los cardos borriqueros. Chuuuut. Goooooooooooooool. Empate a dos. La marabunta invade el terreno. El público rodea a los dos equipos. Saltan, bailan, rien, chillan a su alrededor. Mientras, los jugadores de ambos equipos esperan impasibles a que el ritual de celebración acabe. Poco a poco el público vuelve a los límites del campo. El juez de línia (sí, sí, pues claro que tienen, o qué os pensábais) va poniendo orden a su espalda. Más que juez parece policía de tráfico, pero en pantalón corto. En Espana ya les habrían cerrado el campo para 20 jornadas.

Se reanuda el juego y un minuto más tarde, el pitido final. El público empieza a dar la espalda al campo mientras el disco incandescente empieza a ocultarse en el horizonte. Los coches y las motos encienden motores y desaparecen. Atrás, polvareda y ninos recogiendo del suelo tetra-bricks de vino y latas. Manana se construirán un cochecito bien bonito. - Nino, no chupes el tetra-brick, que ya no queda vino!

Nosotros seguimos a la muchedumbre camino a la base. Ha sido una gran tarde de domingo futbolera. Quizás el héroe del partido fiche algún día por el Barça o el Madrid. Pero antes se tendrán que desminar las carreteras que aislan a Chipindo del resto del país. Tendrán que mejorar las vías de comunicación, que por el momento son sólo de incomunicación. Quizás entonces, y sólo quizás, algún observador de un club europeo cualquiera se atreva a recorrer los cuatrocientos kilómetros que separan Chipindo de Lubango en menos de las doce horas actuales. Y eso en época seca. A partir de septiembre, quién sabe cómo podrá llegar el equipo visitante, si es que llega. Si no, habrá que poner el Vía Digital. – Ninoooo mueve el cuerno de la vaca que no puedo ver el furbooo.

Uy, las nueve, la hora de la telenovela brasileira. Me voy cagando leches. Qué queréis que os diga oye, a falta del Peliculón de Antena3 o de Los Hombres de Paco... buenas son telenovelas. Ah, y que conste que aquí lo de las telenovelas no es cosa de marujas sino de hombres curtidos en 25 anos de guerra: los conductores y los guardas... y el expatriadito de turno.
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08 agosto 2007

19 Días y 500 Noches en Angola

Sobrevuelo Luanda el sábado a las cinco de la mañana. Ya de madrugada millones de luciérnagas titilantes aparecen tras la ventanilla del avión. Abajo una ciudad desconocida despierta de su sueño lentamente. Tras recoger mis maletas –afortunadamente han llegado las dos y para mi sorpresa con todos los fuets, longanizas y embutido que llevaba dentro- el conductor me deja en la casa de ACH a las seis y media. Me tumbo en la cama pero ya de día me tengo que poner mi antifaz - cortesía de British Ariways- para descansar unas horas.
A las doce oigo ruidos en la casa, me levanto. Me cruzo con David, uno de los dos cooperantes que viven en la casa. La otra chica, Carmen, vuelve de su break en Sudáfrica esta tarde, me dice el cántabro.
- Rubén, llegas en el mejor momento. Esta noche hay una fiesta. Inauguramos la nueva casa-oficina y vendrá toda la cooperación y amigos. Habrá barbacoa, buena música y mucha bebida. Vístete que salimos a buscar el equipo de música y al DJ.

Pues nada, resignado me visto y me subo a la pick-up. Recogemos el equipo de música y al DJ de 15 años que viene con dos amigos suyos -sus ayudantes, dice- en casa de una de las muchas amigas de David. Me pregunto si eso se puede considerar trabajo infantil.
De vuelta compramos cerveza a tutiplén, material para hacer caipirinha y sangría. Al volver a la casa, mi primera tarea de logista: montar la carpa que hará las veces de entrada a la fiesta.
Pasamos la tarde con los preparativos. Las ocho y media: los invitados empiezan a llegar.

La noche pasa al son de la música –Kissomba, Kunduru, salsa, bachata- y a golpe de sangría, Calsberg,caipirinha, ron y cerdo y ternera asada. Los DJs se lo están currando hasta que de repente…¡¡se pone a sonar Alex Ubago!! Le pregunto a David si no hay una ley en Angola que prohíba importar semejantes bodrios. Me contesta que él no tiene nada que ver, que tras dejarle su disco duro a los DJs para que hagan una selección de su música ese es el resultado. Afortunadamente la cosa mejora, va in crescendo hasta que llega a su punto álgido: ¡¡Sabina y El último de la fila juntos en Angola!! Tras mi primera clase de Kissomba –con un saldo nada desdeñable de cuatro pisotones en media hora-, los invitados empiezan a marchar. Son las seis de la mañana y llevo 20 horas despierto tras un viaje de otras tantas.

El domingo nos levantamos tarde. Comemos las sobras del día anterior -eso sí que es actuar contra el hambre- incluidas las cervezas.
Por la tarde, sesión de cine con el proyector del departamento de Salud. Estreno mi colección de pelis. Con una pantalla que ya querrían muchos cines españoles, Carmen, Cristina, Copérnico y yo vemos Before the Sunshine. Copérnico es el cachorro de gato que hemos adoptado hace tan sólo un día tras recogerlo David debajo de las ruedas de nuestro coche, salvándolo de una muerte segura. Él bebe leche y nosotros cerveza y comemos palomitas. Nos recoge el conductor –aquí tenemos prohibido conducir y tras ver el tráfico de Luanda, se agradece - y salimos los tres a la zona de bares para que yo cate la cerveza local y la tapa nacional: los cacahuetes tostados. Hombre, la verdad, tras la larga intriga por descubrir cuál era la tapa nacional, pues unos cacahuetes saben a poco. Qué quieres que te diga oye, donde estén unas buenas bravas. Al regresar, la intriga nos corroe. ¿Se habrán llegado a encontrar los protas tras 6 meses en el andén de aquella estación? Segunda sesión de cine, ahora toca Before the Sunset. Decepción, sorpresa quizás, el final te deja pensativo. Vuelve David de dejar a la amiga en la que está invirtiendo –no en vano en Luanda tener que invitar a una chica a cenar y una birra te puede costar una tercera parte de tu dieta mensual-, acaba de ver dos atropellos mientras volvía, nada extraño por otro lado. Nos vamos a dormir a la una pasadas. Otra noche sin poder dormir como Dios manda.

El lunes intenso día de trabajo. Reuniones con la jefa de misión y con todo el equipo de la capital. Al día siguiente salgo para Lubango. Decidimos acabar la reunión en casa de la jefa de misión con unas cervezas y unos spaghetti a la carbonara. Tardamos una hora y media en hacer un trayecto de 10 Kms. como mucho. Los “engarrafamentos” como dicen aquí es el pan de cada día en la capital. Afortunadamente, todo el mundo me dice que Lubango es tranquilísimo y no tiene nada que ver con Luanda. Antes de ir a dormir, intercambio de pelis con David y otra vez a dormir pasada la una.

El martes salgo con Milan, mi coordinador logístico, para Lubango. Cogemos el vuelo a las ocho de la mañana. Me levanto a las seis, cojo mis maletas y andando. Él pasará unos ocho días conmigo. Llegamos a Lubango, vamos a ver la oficina, luego a dejar las maletas al apartamento donde viviré y empezamos con las reuniones. El piso que compartiré con el otro cooperante, que llega en diez días y tiene 41 años, está de puta madre. Llego el primero y me cojo la habitación más grande. Cama de matrimonio. Está de lujo. La putada es que quien tiene derecho a vivir sólo es el, ya que es coordinador de un proyecto, como Milan, y no yo. Menos mal que dice Milan que no le importaba compartir el piso. Ya veremos, pero de momento aquí estoy. Si cambia de opinión me tendré que ir a vivir al piso de encima de la oficina. No está mal pero no tiene ni punto de comparación con éste. Se va la luz, para variar. Cenamos la pedazo de tortilla de patata que Tío Jamba nos ha preparado –es nuestro cocinero y todo un personaje de 61 años- y a dormir prontito.

Hoy miércoles reuniones con UNICEF y otras organizaciones para el tema de las minas antipersona. De ahora en adelante seré yo el responsable de la seguridad en toda la provincia de Huila. Todo el día hemos estado poniendo a punto la oficina. Me siento como Ignatius Reilly decorando su oficina antes de la revolución. Ha sido un duro día de trabajo.

Mañana jueves a las cinco y media de la madrugada salimos para las bases y estaremos fuera una semana más o menos. Se tarda unas doce horas en coche, con suerte, en llegar a cada una de ellas. Afortunadamente sólo son dos. Estaremos aislados así que cuando regrese más noticias frescas. La conexión de internet en la oficina es una mierda y no hay forma de subir fotos.
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01 agosto 2007

La maleta de un Expat


El expatriadito de turno ya tiene preparados sus bártulos para doce meses en el páramo angoleño. Maleta de unos 30 Kgs. -y con otra mochila en la recámara para cuando me hagan sacar cosas hasta llegar a los 20 míseros Kgs. permitidos- en la que se distribuyen mis pertenencias como sigue:

Seis camisetas, más otras dos antisudor y antiolor -por gentileza de Decathlon, una maravilla de la tecnología textil-, tres pantalones cortos, cinco largos, tres polos, una camisa, gallumbos, calcetines, un polar -que aun siendo África pega un rasca a las mañanas que ríete tú de Teruel-, impermeable, dos cotonas guatemaltecas, chirucas, bambas, chanclas, neceser, repelente ultrasónico de mosquitos alimentado por energía solar -eso tiene pinta de que los mosquitos angoleños se lo pasen por la punta de la trompa, pero habrá que probarlo, ¿no?-, cinco botes de Relec -a ver qué mosquito es lo suficientemente chulito como para acercarse a mí. Anda, venga, venid a por el blanquito bañado en Relec si tenéis la trompa que tenéis que tener-, gorrita y un pijama. Peso total: 14 Kgs.

Libros: E. Fromm, L'art d'estimar; Borges, El Aleph; A. Tabucchi, Sostiene Pereira; H. Kureishi, Siempre es medianoche; J. Cortázar, Historias de cronopios y de famas; Q. Monzó, Ochenta y seis cuentos; E. Sábato, Sobre héroes y tumbas; E. Sábato, Abaddon el exterminador; G. Márquez, Cien años de soledad; M. Yourcenar, Memorias de Adriano; L. Séneca, Diálogos; G. Campbell, Diamantes sangrientos; A. S. Greer, Las confesiones de Max Tivoli; R. Kapuscinski, El mundo de hoy; M. Morgan, Las voces del desierto; J. Hougan, El maestro del mal. Y alguno más. Peso total: unos 15 Kgs. y eso que son ediciones de bolsillo que si no te cagas.

Mochila de mano con el portátil llenito, llenito: 25 Gbs de pelis y 15 Gbs más de música. Cámara de fotos Canon Eos400 con objetivo 18-200 estabilizado, altavoces para el portátil, iPod y todos los cargadores, ; dos gafas de sol, dos gafas de intelectual, 120 Dólares, carnet de trabajador de Acción Contra el Hambre, carnet de conducir, tanto el español como el internacional, carnet de vacunación y mi maldito visado que tanto ha costado conseguir.

Lo mejor de todo es que me llevo a cada uno de vosotros conmigo, para masticar vuestro recuerdo poco a poco. Y eso, no pesa ni ocupa nada de nada.

Y con eso y un bizcocho, hasta dentro de un año a las ocho.
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De ahora en adelante

Porque este blog nació en su día a causa de un chispazo que se produjo una noche de concierto, porque tenía que haber una forma de no perder los recuerdos, más allá del papel, de luchar contra el olvido. Si en ocasiones he usado esta ventana virtual para asomarme a parajes a los que no pude llegar de otra forma, y decir cosas que no dije cara a cara; si ha sido así, de ahora en adelante ya no volverá a ser. El papel vuelve a ocupar el lugar de antaño, a mi vera. La mano desentrenada vuelve a coger carrerilla.

Una vez escuché decir a alguien que los blogs son un maquillaje para las ansias de reconocimiento. En parte puede ser así, pero si acaso un reconocimiento por parte de la gente a la que se quiere, de quienes les damos la llave de nuestra ventana -o de quienes alguna vez se la dimos pero dijeron haberla tirado al mar-, de todos los demás, aquellos que navegan a la deriva por la blogosfera, quienes ni nos van ni nos vienen, para aquellos no escribimos ni de ellos nada esperamos.

Así es que de ahora en adelante si os asomáis a la ventana estaréis un poco más cerca de África, de sus colores, de su aroma, de su gente, pero prometo intentar acercarme a vosotros, uno a uno, por otras vías. El camino se bifurca aquí, si hemos escogido el bueno o el malo, eso, el tiempo lo dirá.


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27 julio 2007

Ítaca

A una semana de emprender la aventura africana y con los preparativos del viaje ya casi acabados, Ítaca está ya un poco más cerca. Abrazo grande para todos los navegantes que buscan su Ítaca. Quizás algún día nos crucemos en el camino.


Cuando te encuentres de camino a Ítaca,
desea que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al enojado Poseidón no temas,
tales en tu camino nunca encontrarás,
si mantienes tu pensamiento elevado, y selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo tienta.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al fiero Poseidón no encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los coloca ante ti.

Desea que sea largo el camino.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con qué alegría, con qué gozo
arribes a puertos nunca antes vistos,
deténte en los emporios fenicios,
y adquiere mercancías preciosas,
nácares y corales, ámbar y ébano,
y perfumes sensuales de todo tipo,
cuantos más perfumes sensuales puedas,
ve a ciudades de Egipto, a muchas,
aprende y aprende de los instruidos.

Ten siempre en tu mente a Ítaca.
La llegada allí es tu destino.
Pero no apresures tu viaje en absoluto.
Mejor que dure muchos años,
y ya anciano recales en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.

Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene más que darte.

Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprenderás ya qué significan las Ítacas.


Ítaca
Konstantinos Kávafis

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24 julio 2007

Nicaragua tan violentamente dulce


Escapa ratón del gato, no fuera que quedases atrapada en las garras de su barata filosofía. Utiliza su palabrería y su literatura de segunda para desasirte para siempre de su zarpazo. Sirvan una vez más unas cuantas líneas para acabar de desvanecer la humildad y modestia que un día le caracterizaron. Huye del gato, pero cuídate de caer en las fauces del perro. Mis mejores deseos y ánimos para tu aventura.



Si todo es corazón y rienda suelta
y en las caras hay luz de mediodía,
si en una selva de armas juegan niños
y cada calle la ganó la vida,

no estás en Asunción ni en Buenos Aires,
no te has equivocado de aeropuerto,
no se llama Santiago el fin de etapa,
su nombre es otro que Montevideo.

Viento de libertad fue tu piloto
y brújula de pueblo te dio el norte,
cuántas manos tendidas esperándote,
cuántas mujeres, cuántos niños y hombres

al fin alzando juntos el futuro,
al fin transfigurados en sí mismos,
mientras la larga noche de la infamia
se pierde en el desprecio del olvido.

La viste desde el aire, ésta es Managua
de pie entre ruinas, bella en sus baldíos,
pobre como las armas combatientes,
rica como la sangre de sus hijos.

Ya ves, viajero, está su puerta abierta,
todo el país es una inmensa casa.
No, no te equivocaste de aeropuerto:
entrá nomás, estás en Nicaragua.

Julio Cortázar
Managua, febrero de 1980
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03 julio 2007

La espina clavada

Aun tengo una espina clavada que duele y hace daño. El tiempo la expulsará o cerrará la herida con ella dentro.

(5-07-07) A pesar de ello, el alcohol del sinsentido ha desinfectado la herida para siempre. Aunque ahora escuece, creo que ya no dolerá más. Esta es la última referencia a una espina que pinchó, pero que ella misma se expulsó.

Adiós.
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20 junio 2007

Nadie dijo que iba a ser fácil

Llevo ya algún tiempo decidiendo qué hacer con mi vida. Ahora que ya parece que las cosas van tomando forma, me doy cuenta de que esta canción de Sopa de Cabra, titulada Camins, ha dado respuesta a muchos de mis interrogantes. La he escuchado una y otra vez a lo largo de estos dos últimos meses. Sentado en la terraza de mi casa sumida en el silencio de la noche, sonaba una vez tras otra esta letra, a la vez que se iba ordenando la marabunta de pensamientos en mi cabeza. Con el perfil de Barcelona de fondo, el mensaje enviado desde mi cerebro se hacía cada vez más claro: nadie dijo que iba a ser fácil encontrar el camino, lo único cierto es que al final habrás de tomar la dirección que marque tu corazón, pese a quien pese.

Quién sabe, quizás también os sirva a alguno para orientaros en vuestra encrucijada.

Simplemente, escuchadla...

Camins, que ara s'esvaeixen
Camins que hem de fer sols
Camins vora les estrelles
Camins que ara no hi son

Van deixar-ho tot el cor encès pel món
Per les parets de la mort sobre la pell
Eren 2 ocells de foc sembrant tempestes
Ara som 2 fills del Sol en aquest desert
Mai no es massa tard per tornar a començar,
per sortir a buscar el teu tresor

Camins, somnis i promeses
Camins que ja son nous
No es senzill saber cap on has de marxar,
pren la direccio del teu cor
Mai no es massa tard per tornar a començar,
per sortir a buscar el teu tresor

Camins que ara s'esvaeixen
Camins que has de fer sol
Camins vora les estrelles
Camins que ja son nous
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17 junio 2007

Hasta pronto...

Ya se alejan en medio del polvo, en la soledad mineral, en aquella desolada región planetaria. Y pronto no se distinguirán, polvo entre el polvo. Ya nada queda en la quebrada de aquella Legión, de aquellos míseros restos de la Legión: el eco de sus caballadas se ha apagado; la tierra que desprendieron en su furioso galope ha vuelto a su seno, lenta pero inexorablemente; la carne de Lavalle ha sido arrastrada hacia el sur por las aguas de un río (¿para convertirse en árbol, en planta, en perfume?). Sólo permanecerá el recuerdo brumoso y cada día más impreciso de aquella Legión fantasma. "En las noches de luna --cuenta un viejo indio-- yo también los he visto. Se oyen primero las nazarenas y el relincho de un caballo. Luego aparece, es un caballo muy brioso y lo monta el general, un blanco como la nieve (así ve el indio al caballo del general). Él lleva un gran sable de caballería y un morrión alto, de granadero." (¡Pobre indio, si el general era un rotoso paisano, con un chambergo de paja sucia y un poncho que ya había olvidado el color simbólico! ¡Si aquel desdichado no tenía ni uniforme de granadero ni morrión, ni nada! ¡Si era un miserable entre miserables!) Pero es como un sueño: un momento más y en seguida desaparece en la sombra de la noche, cruzando el río hacia los cerros del poniente.

Ernesto Sábato, Sobre Héroes y Tumbas



Se acaba un ciclo, solamente para dejar paso a otro. Como a Lavalle, sólo se nos recordará por lo que cuenten de nosotros, más que por lo que en realidad seamos. Eso, es cosa nuestra. La vida sigue y pronto el polvo que levantamos en nuestra huida y que tejió una cortina que difuminó nuestra silueta, volverá a la tierra de donde despegó. Dejaremos de estar, para pasar a ser. El recuerdo marcará nuestro futuro allá por donde hayamos pasado.

La letanía de nuestro galope debiera certificar ante los incrédulos que seguimos buscando nuestros sueños, que seguimos persiguiendo nuestros ideales por mucho que estos siempre corran más veloces que nuestro caballo. Lo importante no es llegar sino el camino, dicen. El juego de la zanahoria y el palo es el preferido de Utopía. Lugares comunes que hacen referencia a la necesidad de avanzar, de fluir, de cambiar. Y es que, nuestra existencia es mucho anterior a nuestra esencia, la precede, por lo que no caben excusas. Existir es cambiar y arriesgar. En palabras de Sartre, “el ser humano está condenado a ser libre, es decir, arrojado a la acción –y responsable plenamente de la misma, y sin excusas-“.

Asumiendo que nuestra partida pueda convertirnos en fantasmas para los que se quedan, ya tenemos hecho la mitad del trabajo. Asumido esto, cargadas las alforjas y avituallados con recuerdos e ilusiones ya podemos emprender la marcha. En mi zurrón, la sonrisa de cada uno de vosotros, vuestros consejos y lo mejor que me habéis podido dar: vuestra amistad. Pondré el zurrón a buen recaudo para abrirlo sólo cuando necesite volver a sentir que no hace mucho que estuve, pero que pasé a ser recuerdo. Como a la Legión fantasma de Lavalle, recordadme con mi uniforme y con mi sable de caballería, erguido sobre mi caballo blanco. Sólo yo sé que mi cotona raída es la única prenda que cubre mi cuerpo maltrecho, aun tembloroso ante lo desconocido de mi andanza. Que seáis mi viejo indio, que yo os prometo regresar, para volver a estar…y dejar de ser recuerdo.

Hasta siempre.
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14 junio 2007

Con sólo una palabra...

Paz y serenidad al atardecer, en tu regazo... ¿Hay acaso algo mejor que eso? ¿Existe algún otro momento que pueda saciar tanto el espíritu a cambio de tan poco? Cientos de pensamientos aprovechan entonces para arremolinarse en mi cabeza. Y entonces tú preguntas: -qué; y yo respondo con un: -nada; ese nada que, en realidad, intenta abarcar todo lo que quisiera decirte pero no puedo, simplemente porque no sé por dónde empezar.

Y mientras Bruno aspiraba la brisa que pesadamente llegaba del río, Martín recordaba momentos parecidos en aquel mismo parapeto con Alejandra. Acostado sobre el murallón, con la cabeza sobre su regazo, era (había sido) verdaderamente feliz. En el silencio de aquel atardecer oía el tranquilo murmullo del río abajo mientras contemplaba la incesante transformación de las nubes: cabezas de profetas, caravanas en un desierto de nieve, veleros, bahías nevadas. Todo era (había sido) paz y serenidad en aquel momento. Y con tranquila voluptuosidad, como en los somnolientos e indecisos instantes que siguen al despertar, reacomodaba su cabeza sobre el regazo de Alejandra, mientras pensaba qué tierno, qué dulce era sentir su carne debajo de su nuca; esa carne que en opinión de Bruno era algo más que carne, algo más complejo, más sutil, más oscuro que la mera carne hecha de células, tejidos y nervios; pues también era (pongamos el caso de Martín), era ya recuerdo y, por lo tanto, algo que se defendería de la muerte y de la corrupción, algo transparente, tenue pero con cierta calidad de lo eterno e inmortal; era Louis Armstrong tocando su trompeta en el Mirador, cielos y nubes de Buenos Aires, las modestas estatuas del Parque Lezama en el atardecer, un desconocido tocando una cítara, una noche en el restaurante Zur Post, una noche de lluvia refugiados debajo de una marquesina (riéndose), calles del barrio sur, techos de Buenos Aires vistos desde el bar del piso veinte del Comega.

Y todo eso lo sentía a través de su carne, de su suave y palpitante carne que, aunque destinada a disgregarse entre gusanos y grumos de tierra húmeda (típico pensamiento de Bruno), ahora le permitía entrever esa especie de eternidad; porque como también alguna vez le diría Bruno, estamos de tal modo constituidos que sólo nos es dado vislumbrar la eternidad desde la frágil y perecedera carne.

Y él había suspirado entonces y ella le había dicho "qué". Y él le había respondido "nada", como respondemos cuando estamos pensando "todo". Momento en que Martín dijo casi sin querer, a Bruno:

—Aquí estuvimos una tarde con Alejandra.

Y como si no pudiera detener su bicicleta, perdido el control, agregó:

—¡Qué feliz fui aquella tarde!

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31 mayo 2007

Ten miedo de mayo porque no puede ser




Lo que sientes sólo te importa a ti. Es lo que le demuestras a la gente que quieres lo que realmente importa. Eso es lo único que cuenta.


The Last Kiss D: Tony Goldwyn



Tu olor de almizcle se escurrió entre mis dedos como si de arena de la Costa Catalana se tratara. La eterna espera acabó con noches de blanco satén y mañanas de crepes azucarados. Los besos almibarados dejaron paso a desencuentros por los pasillos. Ya no más sonrisas ni miradas furtivas. Ya nada de caricias disimuladas. Sólo miradas desviadas...
Efectivamente, avisaste pero no hice caso. Efectivamente, mi forma de querer fue dejarte que me quisieras. Efectivamente, no me recordarás por mis pensamientos secretos sino por los que compartimos.

Pero a pesar de todo ello, sigo impregnado de tu olor almizclado, desayuno crepes azucarados, sueño con besos almibarados, imagino miradas furtivas, acaricio tu sombra en la distancia. Porque todo valió la pena, porque fue bonito luchar contra el destino y sortear sus trampas, porque, aunque condenados a no encontrarnos, tú y yo, nunca dejaremos de buscarnos.

Porque nunca habrá un último beso, sino un primer reencuentro.

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23 mayo 2007

Busca tu magia....

Un día más se pone el sol, las calles se vacían, el ratón se retira a su madriguera, el buho a su árbol.
Otro día vendrá, otro amanecer cegará mis ojos. Pase lo que pase, siempre, por el resto de mis días buscaré la magia... dondequiera que se encuentre.

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14 mayo 2007

Duetos

Pocas cosas despiertan en mí esa necesidad de introspección, de estar conmigo mismo a solas, rodeado de oscuridad, en el silencio de la noche, y Doctor en Alaska es una de ellas. Ya desde 1998, me quedaba durante las cortas noches de verano hasta altas horas de la madrugada esperando impaciente para poder obtener mi dosis diaria de filosofía, psicología, literatura y naturaleza. Mientras esperaba sentado delante de la TV, miles de ideas se arremolinaban en mi cabeza. Iba a primero de carrera y la vida se abría ante mí con todos sus interrogantes. Puedo decir, orgulloso, que mi cosmovisión ha estado, y estará, marcada por retazos de Northern Exposure. Sentado en una silla, y a lo largo de una hora, fui descubriendo la poesía, la filosofía o la relación armónica del hombre con la naturaleza... Indescriptibles sensaciones recorrían mi cuerpo provocándome escalofríos. La necesidad de viajar y de conocer mundo, puedo decir que, en parte, tuvo su epicentro en la lejana y fría Alaska.

La letanía de Chris Stevens desde la K-OSO me envolvía durante una hora hasta que me retiraba a la cama, contento: “mañana será otro día en Cicelly y allí volveré a estar, puntual”.

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10 mayo 2007

Niño, siempre niño...

Por fin el otro día encontré perdida en una vieja carpeta de universidad una de las poesías que más me ha calado por su simplicidad y sencillez, pero también por la paz que transmite al leerla. Quién no ha deseado nunca retroceder a su infancia para quedarse allí anclado, al abrigo de la inocencia. El río sigue fluyendo, pero basta con cerrar los ojos para empezar a remontarlo, hasta su nacimiento. Como dice el poema, sólo una cosa es cierta: que aquí estamos, ¿qué importa lo demás?


A la deriva la barca de los niños
(siluetas alegres del crepúsculo)
se desliza, al trasluz.
Ellos mismos la voz de su recuerdo
repiten la extraña profecía.
¿Cuántos años tenéis?
No lo sabemos.
Quizá diez, quizá veinte, quizá treinta…
Sólo una cosa es cierta: que aquí estamos
¿qué importa lo demás? ¿Y tú, quién eres,
lector? ¿Hombre o mujer?
No importa: niño.
Niño siempre, pues este tu recuerdo
eterniza tu infancia. Eterno niño,
te duermes escuchando,
relajados los nervios,
tu propia historia sin lógico argumento,
cuento lleno de entrañas y de vida,
de lloros y de estornudos de pimienta,
niño, cerdito y ángel, poesía
hecha de mocos, luciérnagas y estrellas.
Los duendes y las hadas, siempre tuyos,
ha llegado su hora,
regresan a tu lado.
Sal, pues, a recibirlos: pero antes
es pacto ineludible que te duermas.
Tan sólo así despertarás soñando
a ésta tu rara felicidad nocturna.
Duérmete y sueña, y cuando despertares
de este sueño que es tu vida verdadera
(tu vida pura y secreta de la infancia),
eternízala con lápiz de colores.
Escríbela con poca ortografía
y tanto corazón, que sólo baste
a que frunzan el ceño los pedantes.
Y saldrá un libro. Guárdalo. Es precioso.
Su estuche es el armario de los niños.
Que nadie lo abra. Pide a Papá Noel
que te traiga un candado para él.

Lewis Carroll
“Alicia en el País de las Maravillas”

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El mito de la caverna

Estos días han sido días de incertidumbre y ansiedad. Todo aquello por lo que llevaba luchando más de un año y medio trasteó al topar con la mala fe. Ello me ha llevado a pensar sobre lo que realmente conocemos del mundo, de sus gentes, del ser humano. A raíz de ello he vuelto a releer el mito de la caverna de Platón. Hay que romper las cadenas, salir al mundo exterior y ver el mundo real. Para ello sólo despojándonos de nuestras antiguas opiniones -prejuicios- y conocimiento y abriendo nuestra mente, podremos volver para explicar lo que pasa ahí fuera. Se acabaron las sombras, las apariencias, hay que ir directamente al conocimiento de las ideas. Sin embargo, sólo aquél que tenga el valor de romper las cadenas podrá acceder a ese conocimiento. Los cobardes morirán encadenados a su ignorancia. Empieza a ser hora de aplicar la duda metódica cartesiana. Quizás este mito sirva para arrojar luz sobre el dilema propuesto por Ferrigato.


Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.

- Ya lo veo-dijo.

- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.

- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!

- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?

- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?

- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?

- ¿Qué otra cosa van a ver?

- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?

- Forzosamente.

- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?

- No, ¡por Zeus!- dijo.

- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.

- Es enteramente forzoso-dijo.

- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?

- Mucho más-dijo.

II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?

- Así es -dijo.

- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?

- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.

- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.

- ¿Cómo no?

- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.

- Necesariamente -dijo.

- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.

- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.

- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?

- Efectivamente.

- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?

- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.

- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?

- Ciertamente -dijo.

- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.

- Claro que sí -dijo.

III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.

- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.
      Platón. El mito de la caverna (República, VII)
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